Hola, queridos lectores.
Quería avisaros de que he estado revisando los capítulos de esta novela imaginaria que tengo sobre los chicos y, resulta que, entre que he escrito muchos capítulos con el móvil, o que el ordenador no iba bien y se paraba y cambiaba las cosas, he descubierto muchísimos errores. Por eso, he revisado los capítulos un poco por encima- porque son muchos para revisarlos a fondo uno a uno-, los he corregido y los he actualizado. Espero que ahora haya menos erratas. Advierto a todos de que pueden quedar, y que odio tener errores, porque me encanta escribir, y quiero hacerlo siempre bien.
Si os habéis dado cuenta, también el estilo ha cambiado: antes ponía fotos y ahora no. Esto es porque al principio me tomaba las novelas como algo menos serio, pero he decidido que deben tener una calidad mejor, aunque no sea como la de otras cosas que escribo. También está el hecho de que he madurado en mi forma de escribir. Porque escribo y leo mucho, y eso hace que mi forma de narrar evolucione.
Por último, me encantaría recibir algún comentario en algún capítulo. Porque no sé bien quiénes son los lectores de lo que escribo, ni que opinan. Así que, si queréis que siga escribiendo durante mucho tiempo, COMENTAD.
Gracias a todos por leer y por apoyarme,
Blanca
Blanca es una cantante que acaba de salir a la fama. Ella y sus amigas son Directioners, pero ya han perdido la esperanza de conocer a sus ídolos. ¿Qué pasaría si acudiese un invitado sorpresa a uno de los conciertos?
Living The Dream
sábado, 16 de noviembre de 2013
jueves, 14 de noviembre de 2013
Capítulo 23
Narra
Harry
La veo bajar corriendo las escaleras.
Lleva un jersey fino de color azul, unos vaqueros cortos con mallas
negras por debajo y unos botines del mismo color. Se sujeta una boina
gris con las manos.
-¡Harry!-una sonrisa le ilumina la
cara. Le sonrío de vuelta.
-¿A qué viene la carrera?-pregunto,
mientras la acercó a mí para abrazarla-. Se te ha descolocado la
boina por completo.
Ríe, y yo le quito el gorro, para
peinar su pelo con los dedos. Se queda callada. Sacudo la boina para
que recupere su forma y se la coloco en la cabeza.
-Gracias, Harold.
Levanta una mano, con la mirada fija
en el hoyuelo que marca mi mejilla. Luego vacila, bajando la mano.
Pero se la detengo, subiéndola, presionando mi hoyuelo con su dedo
índice.
El rubor le tiñe las mejillas, y baja
la mirada. Suspiro; a veces olvido que, hace tan sólo unas semanas,
era una más de mis fans. Tendré que tener cuidado, para no
confundir sus emociones.
-Bueno, ¿adónde vamos?-inquiere.
-Te iba a llevar al Starbucks y
luego a dar una vuelta por algún parque. Para pasar la tarde, nada
más. ¿Te parece bien?
Enarca una ceja, y temo haber hecho
algo tonto. Pero dice, sonriente:
-Cualquier cosa que tu decidas me
parecerá genial.
-Vamos entonces.
Me veo obligado a colocarme otra vez
un el gorro y las gafas de sol, para ocultar mi cara y que no e
reconozcan. Llevo una camiseta negra de manga larga; si me ven los
tatuajes, sabrán que soy yo.
Entramos por la puerta del Starbucks
más cercano y nos ponemos en la cola. Veo que Clara saca su
monedero. Sonrío.
El camarero es un hombre de unos
treinta años, con barba y pelo oscuro, y unas gruesas gafas sobre la
nariz. Clara tira de mi hombro, para susurrarme:
-Eh, parece un topo- señala al
camarero. Pongo una mueca.
-Eres mala. Bruja- contesto, en el
mismo tono, y reímos. Entonces es nuestro turno.
-Un Frapuccino de chocolate
blanco- pide mi amiga, mirando con ojos pícaros al hombre “topo”-.
Y tú, ¿Ha... Hamlet?- carraspea, para ocultar su vacilación.
¿Hamlet? Vaya nombre.
-Un café helado- digo, cambiando
ligeramente la voz.
Tres minutos más tarde nos entregan
los pedidos; miro con expresión crítica el nombre escrito en mi
vaso: Hamlet.
Cuando nos hemos alejado un poco del
local, pego un codazo a Clara. Ella tiene una expresión enfurruñada
en el rostro; no le he dejado pagar.
-Señorita, ¿sabes lo ridículo que
suena el nombre que me ha dado usted? ¿Hamlet? ¡Puaj!
Estalla en carcajadas.
-No, en serio. ¿No se te podía
ocurrir otro?- insisto, intentando parecer ofendido. Clara arquea una
ceja.
-Haroldo. Podría haberte llamado a la
española, ¿lo prefieres?
-¿Haroldo?- repito-. No puedo creer
que mi nombre sea así en español. Suena...
-¿Amorfo? Pero si sólo tiene una
letra más que “Harold”- replica.
-Bueno, pero suena amorfo.
Me meto la pajita del café en la boca
y tomo un sorbo
Los árboles susurran con el viento
que se ha levantado. Las hojas caen sobre nosotros, y una da en la
cara de Clara. Se la aparto; la hoja es roja, y ahora lo es también
la cara de ella.
-Oh, las hojas se destiñen- bromeo.
-¿Estás borracho?
-Nunca.
-Ya, ya. Siempre.
Cruzo los brazos sobre el pecho,
aparentemente indignado. Voy a bromear, pero el sonido de mi móvil
me lo impide. Lo cojo. Es Liam. Descuelgo y me lo llevo a la oreja.
-¡Harry!- suena alarmado; ¿qué
pasa?-. ¿Dónde estás?
-Con Clara en...
-¿Clara?- repite, entre aliviado y
triste-. Pues dile...
-Liam, algo va mal, ¿verdad?
-Sí- contesta, tras una pausa. Miro a
Clara, preocupado. Ella se endereza, tensa-. Es María... ella...
-¿María? Liam, habla.
-Llamó Noe- se le rope la voz-. Ha
tenido un accidente.
-¿Qué?- casi grito. Me levanto a
toda prisa; lo que quedaba de café cae al suelo, pero da igual.
Agarro a Clara del brazo y la levanto, con urgencia. Liam ha colgado
ya.
-¿Qué ocurre?- pregunta ella.
Trago saliva, tratando de aliviar mi
repentinamente seca garganta.
-María. Le ha pasado algo.
Clara se para en seco, dándome un
tirón el el brazo que casi me lo descoloca; reprimo un gemido de
protesta.
-¿Qué dices? ¿Algo muy malo?
-Bueno, ha dicho Liam que un
accidente...
-¿De qué tipo? ¡Harry!, es una de
mis mejores amigas, y si...- se le quiebra la voz, y los ojos se le
humedecen. Me muerdo la lengua.
-No lo sé.
-¿Dónde está? ¡Oh...!- saca el
móvil del bolsillo y marca un número, con los dedos moviéndose a
toda prisa por la pantalla táctil.
-¡Noe! Noe, ¿dónde está?
Noelia responde algo que no oigo, y
Clara dice:
-Ay, Dios, vamos en seguida.
Guarda el aparato y tira de mí, para
hacerme correr.
-Vamos al hospital que hay al lado de
la universidad.
Pronto estamos ante el hospital. Es un
edificio de tamaño mediano, de paredes blancas como la nieve,
perturbadas por una cantidad notable de ventanas; la mayoría,
tapadas por lívidas cortinas.
Ante la puerta hay una figura. Cuando
nos acercamos, cobra el aspecto de Louis. Levanta la mano a modo de
saludo.
-Louis- jadea Clara, a la vez que se
lleva una mano al pecho; no sé bien si por la preocupación, la
carrera o por ambas razones. Se limpia las manos sudorosas en los
vaqueros-. ¿Está muy mal?
Él nos mira, y su semblante
habitualmente sonriente está ahora sombrío. Hace un gesto hacia las
puertas, que se abren. El ambiente turbio del hospital me golpea.
Arrugo la nariz; no me gustan los hospitales, es como si todas las
enfermedades que hay ahí dentro penetraran en tu ser.
-Vamos- dice Louis, con voz queda.
Entra, y Clara y yo tras vamos él.
Narra
Zayn
Estoy con Perrie en una plaza en el
momento en el que Liam me llama.
Me disculpo con un gesto, me alejo un
poco y lo cojo.
-Dime Liam.
Sus respiraciones son cortas y
angustiadas. Algo va mal, seguro.
-Zayn...- se le quiebra la voz un
poco, carraspea y se esfuerza por seguir hablando-. María... ella ha
sufrido un accidente- respira hondo, tratando de calmarse, y añade-:
Está ingresada en el hospital junto a la universidad en la que
estudia.
-No hablas en serio- murmuro.
-Zayn... ojalá no fuese en serio.
Pero hablo muy en serio. Si puedes venir...
-¿Si puedo venir? No me lo pidas, voy
ahora mismo. Estarán mal las chicas. Y tú...
-Por favor, date prisa- interrumpe.
Asiento.
-Bien, voy para allá.
Un silencio incómodo; ninguno de los
dos cuelga, por lo que añado:
-Liam, tranquilo. Seguro que no es
nada tan grave. Estará bien.
-La verdad es que no sé que ha pasado
exactamente. Noe ha empezado a contar cosas que parecían no tener
sentido...
-Está bien. En seguida llego.
Le doy al botón rojo, el del teléfono
con un círculo surcado por una línea debajo, y me vuelvo hacia
Perrie.
-Tenemos un problema- digo. Ella
arquea las cejas.
-¿De qué tipo?
-Un accidente. Tengo que irme. Ve a
casa y no te preocupes; esto es cosa mía y de mis amigos.
-Tus amigos- repite, entrecerrando los
ojos-. Ya veo.
Se de media vuelta. Creo que la he
ofendido, por lo que le cojo por el hombro, obligando a sus ojos a
mirarme.
-No pienses que estás fuera de mi
círculo de amigos. Pero esto es algo más...
-Tranquilo, ya lo entiendo. No pasa
nada. Vete ya; te necesitarán- repone, y se zafa de mi agarre.
La veo marcharse. Mentalizo el lugar
en el que se sitúa la universidad, y el hospital que hay al lado de
ella. Cuando tengo el camino claro, me pongo en marcha.
Mis pasos resultan pesados sobre la
acerca, y siento los latidos del corazón en todas partes; la sangre
me zumba en los oídos. Blanca se llevará una desagradable sorpresa
de bienvenida. A pesar de todo, ese estúpido pensamiento me
martillea en la cabeza. No sé si iré a recibirla, o seguiremos
peleándonos. No lo sé, pero la idea de tener que estar en su
presencia sin llevarnos bien me horroriza; no puedo seguir con esta
guerra fría entre nosotros. Necesito su confianza. Necesito su
amistad.
Su cariño.
Aunque Perrie no lo ve bien. Desde que
la conocí, sentí que quería acercarme a ella. Hay algo en esa
chica que me atrae... pero también hay una chispa que enciende mi
parte rebelde, que me lleva a atacarla una y otra vez, contra mi
voluntad. Y sé que le duele, que yo fui su ídolo una vez, y que soy
estúpido. Estúpido por romper sus sueños de confiar en sus ídolos.
Estúpido por no darle mi parte buena. Estúpido por no ser capaz de
curar la herida que ya le he causado.
Completamente estúpido.
Y, sin embargo, cuando los
remordimientos me llevan a intentar hacer que sane... vuelvo a lanzar
una estocada.
Noto un nudo en la garganta y aprieto
los dientes y el paso, tratando de concentrarme en el presente y no
en mis líos sentimentales y mentales.
Acabo corriendo por las calles,
haciendo que el sudor florezca sobre mi piel, gastando mi aliento,
por no respirar debidamente.
Cuando llego al patio del hospital, no
me queda casi aire. Me paro un segundo, respiro hondo y franqueo las
puertas de entrada, que se cierran a mis espaldas, atrapándome en
esta cárcel depresiva y opresiva.
viernes, 8 de noviembre de 2013
Capítulo 22
Narra
Zayn
Las conversaciones con Blanca me
rondan por la cabeza, todas a la vez, creando confusión en mi
cabeza. Es como tener miles de Blancas y yos ahí dentro,
incordiando.
-No te echo de menos- murmuro, para el
aire, o las paredes, como si fueran Blanca.
Pero sus ojos vuelven a mi mente; noto
las vibraciones de emoción cuando nos conoció; el sonido de su voz
en los conciertos se transforma en el zumbido de mi sangre. Noto los
latidos del corazón en los oídos; va lento y rápido a la vez.
«No, no te echo de...».
El pitido del móvil me hace abrir los
ojos, y la imagen de Blanca impresa en mis párpados se difumina
lentamente.
En la pantalla leo que tengo dos
mensajes, de dos nombres:
Perrie, mi novia.
Y Clara; su mensaje empieza con la
palabra “Blanca”.
Me pellizco el vello de la nuca, y me
repito:
«No te cae bien, no te cae bien...».
Voy a abrir el mensaje de Perrie, pero
me encuentro leyendo el de Clara:
“Blanca actúa hoy en Barcelona. Es
el último concierto. Vendrá a Londres mañana, pero veremos si se
queda. Nosotras tenemos que estudiar para los primeros exámenes, así
que no podremos recibirla...”
Luego lo cierro y abro el de Perrie,
que dice:
“Ya habéis vuelto del campo, ¿no?
Nos vemos en media hora, ¿te parece? Paso a por ti”.
Reacciono en seguida, y me doy cuenta
de que sigo en pijama; ayer fuimos a una fiesta, y he dormido hasta
tarde hoy.
Me pongo unos vaqueros ajustados rotos
por las rodillas, una camiseta del mismo color y una gorra de skate.
Froto mis ojos, para sacudirme esta sensación de pereza de encima, y
me cepillo el pelo, retocándolo con algo de gomina.
Como noto los párpados pesados sobre
mis globos oculares, decido que lo mejor será prepararme un café, a
ver si el día se despeja un poco.
Dicho y hecho; bajo a la cocina, saco
el café y preparo la cafetera. Me siento en una silla a esperar, con
la mente revuelta. Mis ojos se van cerrando poco a poco...
-¡Zayn! ¡Dejame en paz!- Blanca está
más dolida que enfadada, y su voz resulta increíblemente chillona y
aguda; me perfora los oídos de forma desagradable...
Sacudo la cabeza y parpadeo. No hay
ninguna Blanca aquí; me había quedado medio dormido. Y resulta que
lo que parecía una voz demasiado chillona es el timbre, que no deja
de sonar.
-¿Qué?- entonces recuerdo-. ¡Ah,
Perrie!
Me levanto, la silla cae al suelo, y
llego hasta la puerta de mi piso. La abro, y me encuentro con una
Perrie que parece frustrada.
-¡Ah! Creía ya que te había ido...
De verdad, Zayn, ¿estás un poco sordo?
-Me había quedado dormido, lo siento-
me rasco la cabeza, extrañamente incómodo. Ella se acerca, creo que
con la intención de besarme, pero, por algún motivo que desconozco,
siento la necesidad de apartarme.
.¡Dios, el café!- acabo de reparar
en el olor a quemado que inunda el piso, y, a la vez, que ha servido
para evitar el beso con mi novia. Una voz en mi cabeza susurra: ¿Qué
te pasa, Zayn?
-Zayn, ¿qué te pasa?- dice Perrie,
frunciendo el ceño, a la vez que me mira, buscando encontrarse con
mi mirada-. Estás... raro.
Me encojo de hombros; yo tampoco sé
bien qué me pasa.
Al entrar en la cocina, dando
traspiés, y abrir la cafetera, tuerzo el gesto: está muy quemado.
Como un tonto, sirvo una taza, y me la llevo a los labios.
-¡Puaj!- escupo todo el café, y la
taza también cae al suelo. El ruido hace que Perrie pegue un brinco.
-Oye, si sabías que está
quemado,¿por qué diablos lo tomas?-bufa mi novia, casi riendo.
-Y yo qué se.
Narra
Blanca
El cielo de Barcelona capital está
nublado, y el brillo del sol es una luz moribunda. Melissa, a mi
lado, carraspea, y bajo la mirada de las nubes, de color gris
plomizo.
-Hoy es el último show- comenta.
-Sí, la verdad es que me da un poco
de pena. Aunque me apetece volver a estar con los chicos- respondo,
asintiendo.
-¿Irás a Londres?
-Por supuesto.
Lucía, que está de pie a nuestro
lado, interviene, alzando una ceja:
-¿Te dejarán?
-Siempre con eso- repongo, bufando-.
No son mis padres; puedo instalarme en donde quiera.
-Mira la rebelde- sonríe Meli, y
Lucía ríe con ganas.
-Oh, sí, soy terriblemente rebelde
por tener derechos- digo, con ironía, aunque una sonrisa tironea de
mis labios.
-En fin, lo hablarás con George, ¿no?
Para que lo sepa y lo tenga en cuenta- Lucía enrolla y desenrolla un
mechón de su pelo.
-Claro, tengo que hacerlo.
-Las fans españolas se llevarán un
disgusto- Melissa me pasa un brazo por los hombros-. ¿Las abandonas?
-Ya me verán. Tampoco será para
siempre, tranquila. ¿Vosotras qué haréis?
-Bueno, como el curso ya ha empezado,
no creo que importe mucho el lugar en el que estudie, ¿no? Y no os
libraréis de mí así como así.
Miramos a Lucía, que vacila.
-No sé lo que haré, ya que depende
del siguiente contrato de telonera- suspira.
Esbozo una sonrisa.
-Hablaremos con George de eso también-
aseguro, y su rostro se ilumina-. No voy a dejar ir a una telonera
tan genial, ¿no?
-Y amiga- añade Meli.
Lucía pega un salto, y la abrazo,
riendo. Melissa no tarda en unirse a nosotras.
-¿Cuando vas a convocar al señor
George para que acuda a tu presencia?- pregunta Lucía, con voz
teatral. Cuando Meli suelta una carcajada, ella le pega un codazo, y
protesta-: Pero que es algo muy serio.
-Lucía, ¿quieres un consejo?- repone
Meli, guiñando un ojo.
-Venga, dígame señora Melo.
-No intentes ser abogada ni mayordomo,
cariño, que harás el payaso.
-Oh, que ofensa, por favor. No me
hables- se cruza de brazos, intentando parecer ofendida.
-Ni actriz- intervengo.
-¡Protesto! Me insultan-empieza a
reírse, y acaba contagiándonos la risa.
Narra
Clara
-¡Clara! Dile ya que te gusta.
Confiesa- exclama María, alzando los brazos.
-No sé de qué me hablas- repongo.
-Tonta.
Estamos en un parque de la ciudad.
Supuestamente, hemos venido a estudiar, pero con María no hay
manera; no hace más que intentar sacar una pareja de mí y de Harry.
-Tía, aunque me gustara, a él no le
intereso nada- repongo, sacudiendo la cabeza.
Los papeles están tirados sobre las
mochilas, en el césped.
-¡Anda que no!
-No vuelvo a quedar para estudiar
contigo- le espeto, aunque con poca seriedad.
-No cambies de tema.
-¡Tú has cambiado de tema! Veníamos
a estudiar.
-Ya, ya... era una excusa.
-Ya lo veo, ya.
Me pregunta durante media hora más
sobre cosas a las que no voy a responder, básicamente, porque son
estúpidas. Al final, le digo que si no se calla le diré a Liam que
le odia, y cierra la boca. Arqueo una ceja; acabo de hacerla callar
con una estupidez.
Por fin, conseguimos empezar a
estudiar. Nos preguntamos el temario, y pronto descubro que María no
se sabe casi nada.
-Pero si sólo es un pequeño examen
inicial, María. ¿Cómo piensas continuar estudiando?
El examen es de literatura, una de las
pocas clases en las que estamos juntas, ya que yo estoy en Biología,
y ella en Periodismo.
Justo cuando empieza a avanzar, su
móvil suena, y tira los papeles en el suelo, a la vez que se lleva
el aparato a la oreja.
-¡Liam!- exclama, sonriente. Pongo
los ojos en blanco. Luego frunce el ceño, y me pasa el móvil-. Es
Harold, para ti.
-¿Harry?- pregunto, por comodidad; ya
sé que es él.
-Clara, me preguntaba si querrías
venirte conmigo. Viene mi hermana. Así te la presento, ¿no?- se
interrumpe, y añade-: ¿O estás muy ocupada?
-¿Ocupada? ¿Cómo iba a estarlo?-
las palabras salen de mi boca, solas; María me mira, burlona-. Nos
vemos ante mi casa en media hora, ¿vale?
-Genial, nos vemos. Un beso.
Cuelga, y una sonrisa tonta queda
prendida en mi cara. No desaparece hasta que mi amiga sacude las
manos ante mí.
-Tierra a Clara. ¿Que no estás
ocupada?- bufa-. ¿No había que estudiar?
-Ya me lo sé- hago un gesto con la
mano, quitando importancia al asunto-. Tú estudia, si quieres
aprobar. ¡Adiós!
Me levanto de un salto, y me voy a
paso ligero hacia casa, todavía sonriente.
domingo, 13 de octubre de 2013
Capítulo 21
You
are brighter,
you
are stronger,
you
have never been alone.
You
are brighter,
you
are stronger,
and
I believe in you.
You
are brighter,
you
are stronger,
and
you can face it at all,
oh
you can make it all better again.
Las últimas palabras salen de mi
boca, y el público parisino estalla en gritos. Sonrío, me aclaro la
garganta y me vuelvo a colocar el micrófono ante la boca, para
despedirme. Recuerdo rápidamente un par de palabras en francés y
pido silencio alzando una mano.
-Merci Paris- tomo aire y sigo,
en inglés-:Habéis estado increíbles. Puede que me hayáis notado
algo... desilusionada o cansada. Pues... es por problemas personales.
Tengo que agradeceros la alegría y la ilusión que habéis
demostrado en el show de esta noche y que me ha hecho sentir mejor.
Espero que nos veamos pronto otra vez- me vuelvo hacia la izquierda,
donde está Lucía, un poco insegura, y camino hacia ella-. Espero
que también apreciéis a Lucía, porque yo lo hago de verdad; además
de ser una telonera excepcional, es una buena amiga y siempre un gran
apoyo.
-Vaya, no me digas esto aquí-
interviene ella, un poco ruborizada, pero contenta-, que me halagas-
se ríe y se vuelve hacia el público-. Muchas gracias a todos. Ir de
gira con Blanca ha sido lo mejor que me ha pasado. Y, por supuesto,
me encanta la fandom de la que todos formáis parte, y quiero
daros las gracias por el apoyo y el recibimiento que siempre me dais.
-Me da pena irme, por supuesto, pero
ya sabéis que ningún concierto puede ser eterno, aunque queramos.
Así que espero que hayáis disfrutado tanto como yo y os quiero
decir que os quiero y os debo mucho a todos. Que no pienso en
vosotros como un mar de fans, si no como muchas personas geniales,
luchadoras y distintas, y quiero que sepáis que os mando amor a
todos y cada uno de vosotros. Ojalá pudiese conoceros a todos y
daros las gracias como debo, pero es algo imposible, así que espero
que cada uno de los que estáis ahí, o en cualquier punta del mundo,
sepáis que no puedo estar más agradecida. Gracias otra vez.
De nuevo, el estadio se llena con los
gritos de las fans, y una sensación de enorme alegría me recorre
cada nervio del cuerpo. Los focos se apagan poco a poco, y Lucía y
yo nos dirigimos a las plataformas de salida.
Cuando ya sólo mi cabeza asoma por el
hueco, grito al micrófono un último Merci.
La luz del backstage me recibe,
trémula y sin vitalidad ni ánimo, lo que contrasta con las alegres
luces del escenario. Mi estilista y mi manager sonríen, y yo les
devuelvo la sonrisa.
-Lo haces cada día mejor- dice ella,
mirándome con cariño.
-Supongo que maduro en este trabajo-
me encojo de hombros, mientras me quito la chaqueta de cuero rojo que
llevo puesta.
-Y la verdad, no podríamos haber
hecho mejor elección con el telonero, ¿verdad?- añade George,
dándole a Lucía unas palmadas en la espalda.
-Tienes razón- abrazo a mi amiga, y
mi manager ríe.
-Y tú que te enfadaste por elegirla
sin tu opinión.
-Es verdad que deberíais haber
hablado conmigo. Suerte que salió tan bien- miro a mi alrededor-. ¿Y
Meli?
-Se fue, porque...
-Porque le echaste- interviene Carla,
sacudiendo su bucles marrones, acabados en mechas rosas.
-¿La echaste?
-Blanca, dijimos que podía venir,
pero hoy había que organizar cosas- repone George, serio.
-Ah, da igual. ¿Podemos ir al hotel
ya?
-Claro, pero recuerda que tendrás que
atender al mar de fans de fuera- ríe Lucía, guiñando un ojo.
-¿Es algo nuevo?
-Supongo que no.
Nos montamos en el coche de cristales
negros y nos dirigimos al hotel, situado cerca de la torre Eiffel.
Puedo ver en seguida el mogollón de
gente ante las puertas del edificio, aguardando mi llegada. Alcanzo
mi chaqueta y me la pongo, porque hace fresco, y luego salgo al
exterior, tras los guardias.
-¡Ahí! Corred- grita una, en
francés, y los guardias se ponen en guardia para frenar el mar de
fans. Sonrío.
-Déjame saludarlas- le digo a uno en
bajo. Él me mira, dudando, y luego mira a George, que asiente.
-Cuando lleguemos a las puertas; ya
sabes de lo que son capaces en grupos.
-Oh, por favor, que no me van a
atacar- replico, suspirando, y saludando con la mano a las chicas que
se acumulan tras el círculo de guardaespaldas.
-Yo no estaría tan seguro de que no
van a atacar- replica otro guardaespaldas, y sacudo la cabeza,
exasperada.
Lucía está un poco más atrás, y
varias fans han aprovechado que cerca suyo sólo hay un
guardaespaldas para conocerla. Mi amiga reparte autógrafos y
sostiene cámaras y móviles, algo insegura. Sonrío de nuevo; tiene
que acostumbrarse un poco.
Por fin me dejan saludar a los fans un
rato, que se empujan unos a otros para tener su oportunidad. Los
guardias se esfuerzan por mantener un número controlable de fans a
mi alrededor.
Casi diez minutos más tarde, me tiro
sobre la cama de mi cuarto. Lucía se apoya en el hueco de la puerta
y sonríe.
-Cansan, ¿eh?
-Bueno, es tarde- repongo. Entonces mi
móvil empieza a sonar, y me lo llevo a la oreja.
-¡Blanca!- la voz alegre de Clara me
saca una sonrisa-.¿Qué tal si haces una llamadita por Skype ahora?
-Hecho- alcanzo mi portátil, lo saco
de la funda y lo enciendo. Luego indico con un gesto a Lucía que se
acerque y se sienta junto a mí en la cama.
En la pantalla aparece la imagen de
una sonriente Clara, y tras ella están Harry, Niall y Noe; un poco
más lejos veo a Louis tumbado en un sofá.
-¿Dónde estáis?- pregunto, y ellos
ríen.
-En casa de un tío de Louis- responde
Noe-. ¿Tú?
-En París, acabo de llegar al hotel
del Show.
-¿Ha ido bien?
-Genial, cada día me alegro más de
este trabajo; los fans son increíbles.
-¿Verdad?-Liam aparece por un lado,
con María al lado-. Son la mejor parte.
-¿Nos incluyes en los fans?- pregunta
Lucía, con curiosidad.
-Yo creo que sois algo más. Amigas,
¿no? ¿O preferís fans?
-Amigas- decimos todas al unísono, y
los chicos sonríen.
-Pero yo sigo preguntándome... ¿cómo
es posible todo esto?- María suspira y mira de reojo a Liam, lo que
me pica la curiosidad.
Nos cuentan qué han estado haciendo,
y a cada palabra les echo más de menos, pero todavía tengo que
terminar el Tour.
Finalmente, ante la pantalla sólo
quedo yo; Lucía se ha ido a dormir ya, y Meli no ha aparecido. Clara
se va con Harry a buscar algo a la cocina, y Liam se queda solo. Me
mira con seriedad.
-¿Qué os pasa?
Sé que se refiere a Zayn y a mí,
pero siento la necesidad de preguntar:
-¿A quién?
-Lo sabes. No entiendo por qué no os
habláis, por qué discutís, por qué os tratáis así, tan mal.
Creía que le querías.
-Es mi ídolo- luego dudo-. Bueno, o
lo fue... Oh, ya no sé ni como consideraros; si como amigos o como
ídolos...
-Eso no importa. De ambas maneras le
querrías, ¿verdad?
-Sí. No sé Liam... me imagino
cosas... juzgo su comportamiento...
-Se siente mal.
-¿Por mi culpa?
-Tampoco está muy bien ahora con
Perrie, que digamos.
-Por mi culpa- repito, esta vez como
afirmación.
-Te llamó...
-¡Le pediste tu que me llamara!-
replico, y me muerdo el labio, para contener las lágrimas.
-Porque necesitaba ese impulso. Pero
él quería hacer algo, arreglar lo que fuera que te hizo...
-Y yo lo estropeé.
-Por lo visto, sí.
Hundo la cabeza entre las manos, y me
froto los ojos, que comienzan a estar peligrosamente húmedos.
-Pero yo... tenía la sensación de
que...
-¿Liam- interviene una voz, y Liam se
gira. Zayn está detrás, mirándolo, con la cabeza baja.
-Dime.
Zayn echa un breve vistazo a la
pantalla, y me siento incómoda y mal, por lo que aparto al mirada, a
la vez que lo hace él.
-Nada- hace una pausa-. Vamos a salir
a las fiestas del pueblo a cenar.
Narra Noelia
Niall suelta la enésima tontería de
esta noche, mientras coge otro pincho de carne y lo observa con aire
travieso.
Me voy a apartar... pero la carne ya
me ha dado de lleno en la cara, llenándome de la salsa que lleva.
-¡Maldito rubio!- exclamo, mientras
recojo el pincho del suelo y salgo tras Niall, que ya huye de mí.
Lo alcanzo junto a un puente iluminado
por la luna y las luces de la fiesta. Está de pie al borde del agua,
y la contempla; las luces perfilan su rostro, que parece aún más
bonito así. Me quedo embobada mirando las curvas de su rostro, y me
detengo en la boca; tiene los labios entreabiertos y jadea un poco
por la carrera. Cuando cierra la boca bruscamente, vuelvo a la
realidad y recuerdo la guerra que acabamos de iniciar; me acerco
sigilosamente, con intención de estamparle el pincho de carne en la
nuca...
-Es bonito- murmura él.
-¿Qué?
-La luna, el reflejo en el agua. Me
mira, y repara en el pincho de carne que sujeto con la mano. Tuerce
la boca-. Venga ya, esto es en serio. Era una bromita.
-Una bromita que te voy a devolver- me
lanzo hacia él y salto, a la vez que le estampo la carne en la nuca.
Pierde el equilibrio, y ambos acabamos
en el agua del riachuelo, uno tendido junto al otro.
-Ah, no, eso es abuso. Yo sólo te he
estampado la carne.
-De abuso nada, ¿no ves que estoy yo
también empapada? Estamos en paz.
Me saca la lengua, y luego se
incorpora, poniendo sus rodillas sobre mis piernas y mirándome a los
ojos.
Mi respiración se vuelve entrecortada
al sentir su cuerpo sobre el mío, y agradezco que la luz lunar tape
el rubor que sé que han adquirido mis mejillas.
Pero entonces él empieza a hacerme
cosquillas, y me revuelvo en el agua, tratando de apartarlo, casi
ahogada por la risa.
-¡Niall! ¡Rubio malvado!- chillo.
La mano que me hacía cosquillas en el
cuello se para y va bajando hasta la zona donde tengo mi marca de
nacimiento. La roza con los dedos, haciendo que cada fibra de mi ser
se estremezca ante su contacto.
-Tienes una luna.
-¿Una luna? Estás borracho tú,¿eh?
-La marca, parece una luna.
-¿Eso crees?
-Y tus ojos... son dos estrellas. Estrellas que brillan de forma traviesa, pero muy bonitas.
-Y tus ojos... son dos estrellas. Estrellas que brillan de forma traviesa, pero muy bonitas.
Ha bajado la cabeza, y yo estoy ahora
apoyada sobre mis codos, con el agua empapando mi piel y mis ropas.
Puedo sentir su aliento y los latidos de su corazón muy cerca, y eso
me vuelve a alterar.
-Niall... ¿qué dices?
Me coloca un dedo sobre los labios y
acerca la cara a la mía. ¿Qué pretende?
Sus ojos no me miran, en realidad,
cuando nuestras frentes se rozan, cuando siento sus pectorales contra
mi cuerpo.
Por eso, cuando roza mis labios con
los suyos, al principio con suavidad, luego con más presión, me
siento confusa y feliz a la vez.
-Niall- murmuro, en un susurro medio
interrogativo, con los labios pegados a la boca de él.
sábado, 12 de octubre de 2013
Capítulo 20
Narra
Blanca
Estrecho con más fuerza mis piernas
contra mi tronco, para darme calor. Subo la manta hasta el cuello y
me agazapo contra la pared junto a la cama. Las sábanas tienen un
tacto suave, pero frío y seco a la vez; mi cara está pegajosa a
causa de las lágrimas de anoche. ¿Qué hora será?
Saco la mano de mi refugio hecho de
mantas, y un desagradable frío me palpa la piel. Tanteo el suelo en
busca del móvil, hasta que lo localizo y lo subo. En la pantalla
aparecen los números que marcan la hora: las cinco y media; tengo
que dormirme ya, o no podré despertar a la hora marcada.
Pero no puedo. Me siento confusa y
enfadada. Enfadada conmigo misma por tener esta relación tan fría y
mala con Zayn... mi ídolo, al que siempre quise a mi lado como un
amigo -o algo más-,como alguien a quien apoyar y en quien confiar.
La conversación telefónica no mejoró nada tampoco, y mis
remordimientos aumentan cada vez. Quiero arreglarlo, sí, pero cuando
tengo una oportunidad, lo único que hago es arremeter una y otra
vez. «¿Contra él o contra mí misma?».
Muevo bruscamente la mano, y antes de
darme cuenta, el móvil ha salido volando y se ha golpeado contra la
pequeña cómoda de mi dormitorio en el avión; la tapa está por un
lado, la batería por otro, y el resto se ha colado bajo el mueble.
«Que se rompa».
Me llevo las manos a la cabeza y
engancho los dedos en el pelo, tirando de él, arrancándolo. Tras
cinco minutos más, me rindo y me incorporo lentamente. Me
estremezco. Pero no hace frío, es que yo me siento fría por dentro.
Alcanzo la bata negra que cuelga de un gancho, meto mis pies en las
zapatillas y salgo a la estancia principal; una con un sofá, una
mesa baja y unos armarios con provisiones. Me dirijo a estos últimos
y saco la bolsa que contiene la tila y el aparato de calentar agua.
En realidad, nunca me ha gustado el té
ni las infusiones, pero tampoco hay mucho más ahora mismo, así que
acerco la taza a los labios y tomo un sorbo. Hago una mueca; está
amargo y no tiene mucho sabor, pero al menos está caliente, y eso
acaricia mi garganta.
Cuando me dispongo a volver a la cama,
una figura aparece en la puerta.
-¿Blanca?- Lucía lleva un pijama
blanco, y tiene el pelo enredado. Su voz queda ahogada por un
bostezo.
-No podía dormir. ¿Y tú?
-He oído ruidos y me he despertado-
se encoge de hombros, a la vez que se acerca a mí, mirándome con
curiosidad-¿Qué te pasa?
-Ya lo sabes...
-No muy bien. Me he enterado de que es
por Zayn, pero ¿qué pasa exactamente? Si estas celosa de Perrie...
-No estoy celosa- trato de sonar
firme, pero no me sale, y bajo la cabeza. Lucía se sienta a mi lado
en el sofá.
-¿Entonces? Los celos son algo muy
normal, no tienes que...
-No he sido justa.
-¿Justa?
-Con él. Siempre soñé con esto, con
conocerles a los cinco, con ser su amiga... y ahora que lo tengo, lo
único que hago es pelearme con Zayn.
-Tendrás una razón- repone ella,
dándome un abrazo.
Sacudo la cabeza. Mis dedos juguetean
sobre la taza, ahora templada, tratando de retener el calor.
-Eso pensaba. Pero no sé si es una
razón, o si exagero y...
-¿Cual es la razón?
-Yo... bueno, digamos que sentía-
hago una pausa, trago saliva, y concluyo, en voz más baja-: que
jugaba conmigo.
-¿Por qué iba a hacer eso?- suspira
mi amiga, obligándome a girarme hacia ella.
-Esa es la cuestión. Que estoy
pensando que Zayn hace algo malo... y no. Él es una persona buena,
no juega con los sentimientos. Estoy enfadada.
-¿Con él?- pregunta, sorprendida.
Esbozo una mueca irónica.
-Conmigo misma.
Narra
Liam
He pensado varias veces esta noche
sobre lo que viví con María. La verdad es que en ese momento no
pensaba lo que decía; simplemente salía, de dentro. No sé lo que
siente ella, pero tampoco conozco bien mis propios sentimientos.
Sólo se una cosa con certeza: que la
quiero.
Algo caliente se enciende en mi
interior al pensar en ella. Es pequeño, pero está ahí, y no lo
puedo ignora. Me doy cuenta de que quiero pasar más tiempo con
María, conocerla más. Pero no sé qué quiere ella, y si sabe lo
que conlleva estar más tiempo conmigo; las fans la insultarían, la
amenazarían. Miles de medios de comunicación inventaría rumores
desagradables, y no quiero tampoco que ella se sienta incómoda de
esa manera.
Giro la cabeza para mirar la hora; las
cinco y media. Debería dormir, la verdad, pero quiero aclarar mis
pensamientos, poner orden a mis sentimientos y hablar con María.
Pero ahora, aunque lo necesite, no puedo. No voy a despertarla.
-¿Liam?
La voz viene de la puerta, y me
incorporo para ver quién es. Aunque ya lo sé, por la voz.
-María, ¿qué haces despierta?
Se encoge de hombros. Quiero hablar,
tengo que aprovechar que está despierta... pero no sé qué decirle,
la verdad.
-¿Quieres... quieres que vayamos al
jardín?- pregunto, inseguro.
-De acuerdo, pero yo voy a coger un
vaso de leche caliente, eso me relaja.
Sonrío, y me pongo en pie para
seguirla hasta la cocina. Acabo tomando yo también una taza caliente
en mis manos, y salimos al jardín de la casa.
La brisa nocturna nos da la
bienvenida, y veo como María se estremece. No dudo; le paso la
chaqueta que llevo encima.
-No, no la necesito, de verdad- la
rechaza, con un gesto de las manos. Pero disimula sus temblores a
duras penas.
-No me mientes- replico, sonriente, y
la acorralo contra el muro de la casa.
-Liam...- noto su aliento en la cara,
y me recuerda a la escena de unas horas antes.
Meto su brazo en una de las mangas,
mientras la atraigo hacia mí para pasarle la chaqueta por la
espalda. No deja de mirarme de una manera intensa y turbadora.
Cuando voy a pasar el otro brazo por
la manga... me atrapa y me hace chocar contra la pared y la mitad de
su propio cuerpo, riendo.
-Eres mala.
-No necesito a un caballero- replica,
guiñando un ojo.
-Ah, me intento apartar, pero ella se
acerca otra vez y me vuelve a pillar por sorpresa-, pues me voy
entonces, princesa nonecesitoauncaballero.
Se me queda mirando, y aprovecho para
empujarla y hacerla caer suavemente sobre la hierba. Luego me agacho
a su lado y le termino de colocar la chaqueta.
Nos miramos a los ojos, y antes de que
pueda decir nada, me rodea el cuello con los brazos, abrazándome.
Sonrío, y la estrecho entre mis brazos, contento.
Narra
Clara
Para cuando bajo a desayunar, todos ya
están allí. María, Liam y Louis charlan en los sofás, Niall y Noe
están saliendo de la cocina, Zayn está sentado con una taza en las
manos y a Harry no lo veo.
-Buenos días, dormilona- Brett
aparece de pronto ante mí.
-Buenos días- sonrío, y me acerco a
la cocina para prepararme el desayuno. Cuando vuelvo, veo que todo el
mundo ya está acomodado y hablando, por lo que decido salir
discretamente al jardín.
Me encuentro con un Harold tumbado
sobre una toalla en la hierba, con un sombrero protegiéndole la cara
del sol matutino. Sonrío y me acerco a él, con intención de darle
un susto...
Pero cuando estoy a punto, es él el
que se levanta y me agarra. Sorprendida, lanzo un gritito y caemos
sobre la hierba. Harry estalla en carcajadas.
-¿Qué? Tú tienes ojos en el
sombrero- le digo, conteniendo la risa que él me ha contagiado.
-Claro, y tentáculos en los dedos.
-Pulpo.
-Seré un pulpo, pero no uno
cualquiera; soy un pulpo de tierra- finge una mueca seria.
-Mi pulpo de tierra- repongo,
sonriente.
-Egoísta.
-¿Me lo tomo como un cumplido?
-Como usted vea, señorita- dice la
última palabra en español, y me hace gracia su acento, pero a la
vez me hace estremecerme. Mi ídolo, hablándome con toda
normalidad...
Sacudo la cabeza, y vuelvo a mirar...
me encuentro con sus ojos verdes, esos ojos que me cautivaron desde
el primer día, que me iluminaban en sueños... ahora fijos en los
míos. Y me pregunto si verá lo feos que son- según lo que pienso
yo-.
-Guapa- dice, otra vez en español, y
se acerca, con su preciosa sonrisa tironeando de sus labios.
Mi corazón se descontrola al tenerlo
tan cerca, y creo que de un momento a otro se lo vomitaré en la
cara.
-Clara.
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Siento tardar tanto en subir, pero es que no encuentro mucho tiempo para ponerme a escribir. Espero que este capítulo os guste tanto como el resto, y ya sabéis... i would love to see some comments, here or on twitter :D xx
Blanca xx
Siento tardar tanto en subir, pero es que no encuentro mucho tiempo para ponerme a escribir. Espero que este capítulo os guste tanto como el resto, y ya sabéis... i would love to see some comments, here or on twitter :D xx
Blanca xx
lunes, 30 de septiembre de 2013
Capítulo 19
Narra
Clara
La lluvia cae ligera del cielo plomizo
desde primera hora de la mañana. Como llevamos aquí por lo menos
veinte minutos, el pelo ya está bastante húmedo y la ropa se nos
pega a la piel. ¿Dónde están los chicos?
Ésa es la pregunta que formula María,
justo en el momento en el que las ruedas de un vehículo entran en el
charco de la calzada y nos empapa hasta la cadera.
-¡Me cago en...!- suelta Melissa.
-Ese vocabulario, Meli- es Brett, que
sale con Louis del primero de los dos coches.
-¿Brett?- suelto. No me lo esperaba
aquí.
-Sí. Los chicos me comentaron el plan
y que si me quería venir, y acepté. ¿Cómo os va todo?
-Bueno, a parte de que acabas de
empaparnos con el coche y que llegáis tarde...- replica Melissa, con
los brazos en jarras.
-Eh, que lo del coche no es mi culpa,
bonita. Conduce Louis- le señala, con un dedo acusador.
-Pero sí es tu culpa- Louis se echa
el pelo para atrás, con expresión burlona-. Sin tí el coche
pesaría menos, y no habría levantado tanta agua...
Nos echamos a reír, y Brett arruga la
nariz, conteniendo una sonrisa a duras penas.
-Bueno chicas, ¿vamos?- dice Harry,
saludándonos con un gesto de la mano desde la ventanilla.
-¿Cómo va hoy el reparto?- quiero
saber, con una sonrisa.
-Por ejemplo- repone él-. Podrías
ser mi copiloto.
Abre la puerta y señala el asiento
vacío junto a él. Con una risita, me acerco y me siento. Harry se
inclina y me da un beso en la frente. No puedo evitar pensar en la
reacción que habría tenido de no conocerle ya de algunos días. Aun
en esta situación una descarga de emoción me estremece.
-¿Contigo? Seguro que tienes alguna
fresa para estampármela en la cara o algo- está diciendo Noe,
mirando a Niall con las cejas arqueadas.
-Que no... Ahora soy el famoso
Estampador de Fresas, ¿no?- replica el rubio.
-Venga Noe, te puedes fiar de él-
dice Zayn. Noelia le mira de soslayo, suspira y se sienta junto a
Niall, completando nuestro coche.
Louis conduce, como dijo Brett, el
otro coche. A su lado está Liam, en el asiento de copiloto. María y
Meli se ponen atrás, y arrancamos.
El viaje en coche pasa entre risas,
bromas, piques de Niall y Noe que acaban en carcajadas, y silencios
incómodos.
Llegamos a la casa del tío de Louis
cuando el sol está ya metido hasta su ecuador en el horizonte. Me
quedo mirando la luz naranja que tiñe el cielo, perfilando las nubes
de una manera que produce un ambiente mágico. Hasta que noto que
alguien me sacude por los hombros. Alzo la cabeza, y me encuentro con
los ojos verdes de Harry. Sonrío, y le dejo que me ayude a
levantarme del asiento.
La finca tiene un extenso campo de
cultivo, y ahora mismo atravesamos los maizales, que me llegan por el
cuello. Casi sin darme cuenta, busco la mano de Harry, que camina
ante mí. Él me la agarra, y atravesamos el campo de maíz así.
La casa del tío de Louis es una casa
de campo blanca, grande, pero de una sola planta. O bueno, una sola
planta en uso; la segunda es para secar los cereales, según nos dice
Louis.
Entramos en un cuarto que parece una
sala de estar decorada al estilo rústico; hay dos sofás rojos con
la tela algo gastada con una mesa baja delante, una cómoda de madera
vieja detrás de los sofás, estantes llenos de libros, una chimenea
de ladrillo y dos alfombras desgarbadas en el suelo.
-¿Y qué queréis hacer?- dice Harry,
todavía con los dedos enlazados con los míos. Niall mira nuestras
manos con una mueca burlona, y yo me apresuro a soltar a Harry, con
las mejillas encendidas. Él me mira, interrogante; no ha visto la
mirada de su amigo.
-He pensado- empieza a decir Louis,
con cara de superioridad- que podríamos hacer una hoguera. Sé un
buen sitio.
-¿Y comer alrededor de ella y
cantar?- pregunta Noe, con ojos brillantes-. Eso es lo que siempre
soñe que hacía con vosotros.
Niall pone cara de alarma, y tardo un
segundo en comprender a qué se debe; ha pensado de otra forma la
última frase de Noelia.
Mi amiga le da una torta en la cabeza.
-Tonto, que eres tonto en serio.
Un momento después, ambos ríen como
dos locos.
Cogemos parte de la comida que hemos
traído y la metemos en otras bolsas.
-¿Iremos en coche?- pregunta María
cuando está todo guardado.
-¿En coche? Estamos en el campo-
replica Louis, fingiendo alarma.
-Ya bueno, a lo mejor está lejos el
sitio ese tuyo- se defiende ella, levantando las manos.
-Si lo que te preocupa es cansarte por
el peso de las provisiones- Liam se acerca a ella y le hace alzar la
barbilla para que lo mire-. Te llevo yo tu bolsa.
Veo cómo el rubor sube a las mejillas
de María, y casi noto las emociones que vibran en su interior.
-No Liam...
-Sí, María- le quita la bolsa de las
manos y se dirige al resto-. ¿Vamos?
-Yo... recomiendo que cojamos algo de
abrigo, hará fresco- indica Harry, y no puedo estar más de acuerdo
con él.
Momentos más tarde rebuscamos en
nuestras maletas, que hemos metido en el salón.
Yo me llevo un jersey de color rojo
apagado y un gorrito de lana que me hizo mi abuela ya muchos años
atrás y me uno al resto, que ha sido más rápido.
Cuando franqueo la puerta, me doy
cuenta de que tengo que ponerme ya mismo el jersey, por lo que me
acerco a Harry y le toco el hombro.
-¿Puedes sujetarme esto?- indico la
bolsa que cuelga de mi hombro.
Él arquea las cejas, divertido, y
dice:
-¿No te estarás haciendo ilusiones
de que te lleve la bolsa como Liam la de María?- se burla, y le doy
un codazo.
-Pues claro que no, Harold. Prefiero
llevarla yo. Es más, ni en mis sueños más locos te dejaría
llevarla. No me fío- replico, sacando la lengua y poniendo la bolsa
en sus manos.
-Oh, pues ahora me enfado. Yo soy de
fiar, señorita mía.
Saco la cabeza por el hueco del jersey
y me dispongo a recuperar la bolsa, pero él me para con una mano y
acerca sus labios a mi oreja derecha; el aliento me cosquillea en la
piel.
-¿Señorita tuya? Si ya sabía yo que
me amas- finjo superioridad, pero la voz me tiembla un poco debido a
la cercanía de su boca.
Noto sus labios moverse contra mi
oreja, pero antes de que diga nada, una voz se burla.
-Bueno, bonita escena amorosa. Lamento
interrumpir, pero tenemos que irnos ya. Tendréis tiempo luego- dice
Louis. Harry bufa y se separa rápido de mí.
Si esperaba una réplica hacia su
amigo, me llevo una decepción. Harold sigue caminando, en silencio.
Yo me pongo junto a María y emprendemos la marcha.
Narra
María
El crepitar de las llamas acompaña a
la guitarra de Niall, que está comprobando si está afinada. Me giro
para mirar a Liam, que está recostado contra un tronco, y sonríe.
Hemos tardado media hora para llegar
hasta aquí, pero es un sitio muy agradable; un claro en medio de un
bosque en el borde de los campos de cereales. Los sonidos de los
grillos dan un ambiente relajado y mágico a todo; siempre lo he
pensado.
El reflejo de las llamas en el rostro
de Liam marca sus curvas y perfila sus labios y su preciosa sonrisa;
su piel parece más suave y tostada y sus ojos brillantes. No habla
con nadie, simplemente sonríe, con la vista fija en las llamas, con
esa expresión que todos adoptamos cuando nos sentimos felices y
libres. Todo esto lo hace aún más perfecto, si es posible, y no
puedo reprimir las ganas de sentarme junto a él.
Alza la mirada al verme, y otra vez mi
corazón da un vuelco. Ya no sólo por el hecho de ser mi ídolo, si
no también por la forma en la que es como persona, y como me trata.
Me siento, y él alza la mano para
apartarme los mechones de la cara.
Niall empieza a tocar los primeros
acordes de una canción que no conozco, pero que añade ambiente,
Harry y Clara están sacando la carne para hacerla en la hoguera, y
Noelia mira los dedos de Niall sobre las cuerdas de la guitarra.
Brett ha ido a algún sitio y Zayn está apartado, con la cabeza
gacha y la boca tensa.
-¿Que le pasa a Zayn?- le pregunto a
Liam, preocupada.
-Problemas.
-¿Con Perrie?
-Principalmente, pero también creo
que es por Blanca...
-¿Blanca?
-Se portó... de una forma rara con
ella, y creo que se han enfadado o algo. Tampoco estoy muy al
corriente.
-Ah- no sé qué decir.
-¿Debería animarle?
-¿Tú qué sientes?
-Bueno, soy su amigo, debería...
-¿No lo has intentado? No lo creo.
-Lo intenté, es cierto, pero...
-Tal vez necesite espacio y tiempo.
-No me gusta verle así- repone él, y
la sonrisa se ha convertido en una mueca preocupada. Le pongo la mano
sobre el hombro.
-¿Queréis?- Clara nos ofrece un
pincho de carne asada, y Liam lo coge y me lo ofrece. Luego toma otro
para sí mismo.
El tiempo discurre entre bromas,
canciones y juegos de cartas y de palabras. Cuando el cansancio
empieza a apoderarse de algunos, ya acurrucados en sus mantas, veo
que Liam se aleja del grupo, y tras un momento de vacile, me levanto
para ir tras él.
Echo un vistazo al grupo; Harry y
Clara apoyados espalda contra espalda, arropados y con los ojos
cerrados, Louis echando hojas a la hoguera con pinta aburrida, Niall
toqueteando las cuerdas de la guitarra lentamente, Noe tumbada en el
suelo con Brett sentado al lado y Zayn con los ojos abiertos de par
en par mirando a las copas de los árboles.
Rozo con la mano el tronco del primer
árbol de la fila, y me apresuro tras Liam, poniendo cuidado en no
hacer demasiado ruido al pisar.
Un cielo estrellado de color azul
marino. Un trozo de hierba más alta sobre la colina. Una figura
sentada que se recorta contra la luz de la luna. El ambiente parece
sacado de una película, algo mágico... Mis pies tropiezan con las
raíces del último árbol, y caigo al suelo, sobresaltando a Liam,
que se vuelve. Genial, viva yo.
-María- dice, y se me acerca-. ¿Estás
bien?
-Perfectamente, no es nada... es que soy un poco torpe, ¿sabes?
-Perfectamente, no es nada... es que soy un poco torpe, ¿sabes?
-Yo no lo creo- me tiende una mano,
que acepto sin dudar. El contacto me produce vibraciones-.¿Me has
seguido?- tira de mí para levantarme, y nuestros rostros quedan muy
cerca; puedo notar el calor de su respiración en mi piel.
Noto que el rubor sube a mis mejillas;
carraspeo para aclararme la garganta, me separo un poco y miro al
suelo.
-Bueno... es que... como todos estaban
dormidos, pues...
-Da igual- ríe suavemente-. No tienes
que explicar nada. Además, no me molestas en absoluto.
Se sienta de nuevo sobre la hierba, y
me hace un gesto para que me coloque a su lado. Lo hago, y él alza
la vista hacia las estrellas. La brisa nocturna me acaricia el
rostro.
-Bueno, ¿y qué sientes?
Esa pregunta me ha pillado por
sorpresa. En parte porque me he quedado embobada mirándolo.
-¿Qué siento? Liam...
-Con todo esto. Estar con nosotros,
conocernos. Tenía entendido que erais fans.
-Fans no- repongo, y él me mira,
desconcertado. Río-. Directioners.
Me dedica una sonrisa más cálida que
el fuego de la hoguera.
-¿Qué se siente?
-Es como... algo que vives en el
momento. Cada vez que estoy con vosotros... lo disfruto como nada.
Soy feliz, completa... Pero luego si me paro a pensar... me parece
irreal, lejano, como algo que no puedo palpar, como si fuese un sueño
y fuera a despertar en cualquier momento. Y es que... siempre soñamos
con esto. Pero nunca lo creímos posible.
-Los sueños se cumplen.
Noto sus dedos rozándome el pelo,
enredando un mechón en ellos.
-Nunca creí que con este fuese a
pasar.
-Mira las estrellas- dice, de pronto,
y me alza la barbilla con suavidad.
Distingo en seguida la Osa Mayor. Aquí
las estrellas brillan muy fuerte, por la poca iluminación del campo.
Es como si todas las estrellas contuviesen un sueño. O miles, y los
sueños alimentasen su brillo.
-¿Ves la Estrella Polar? ¿Más
brillante que el resto?- susurra. Asiento-. Pues esa es la estrella
que tenía tu sueño, y brilla así de fuerte porque era un sueño
que iba a cumplirse. Y se ha cumplido. Tú eres esa estrella, María.
Lo eres... para mí.
Mi corazón late tan fuerte que creo
que se va a salir del pecho. He salido con chicos, pero ninguno me ha
dicho nada igual. Nada tan bonito. Y que venga de Liam... Además, ni
siquiera estamos juntos. Le miro. Él tiene los ojos fijos en los
míos, con la sonrisa todavía en el rostro. El silencio lo
interrumpe una pequeña sombra que revolotea frente a nosotros. Liam
la coge, hábil y delicadamente. Es una mariposa. Me la pone delante;
la luz de la luna y de las estrellas incide en ella, haciendo que
parezca plateada y mágica.
-Cógela. No la dejes escapar.
Parpadeo. Liam me acerca el animal. No
sé que hacer, me he quedado embobada.
Finalmente, me lo coloca sobre la
nariz. No me muevo; me hace cosquillas de una forma agradable. Miro a
Liam a los ojos, que brillan, reflejando las constelaciones.
Reflejando los sueños. Coloco las manos alrededor de la mariposa.
-Tú eres como una mariposa- me
susurra-. Frágil, ligera, fácil de atrapar, pero difícil de
mantener conmigo, porque tienes la libertado de escapar. Retenla- me
pide. Mi corazón va demasiado rápido. Esto no está pasando.
Despierta María, despierta-, retenla para mí. Retenla si tu tampoco
vas a escapar.
-Liam... Yo no te dejaría ir- abro
las manos, y la mariposa no escapa. Se queda s
ahí, mientras Liam acerca su rostro
al mío. Me roza la nariz con la suya. Luego sonríe, con las frentes
juntas. El mundo ha desaparecido. Sólo estamos él y yo, y los
sueños de las estrellas, y la mariposa, posada entre nosotros-.
Déjala volar, déjala que se lleve este momento con ella, deja que
se lleve nuestros sueños. Porque para tener algo, hay que dejar
escapar algo. Déjala volar y así la retendremos- las palabras salen
solas, por arte de magia, de mi boca.
El animal, como si me hubiese
entendido, alza el vuelo, muy delicadamente, mientras las curvas de
nuestras sonrisas siguen ahí.
-Te quiero. Y no sé por qué- dice él
finalmente. Mis manos van a su pelo, revolviéndolo. Y él me las
coge, posándolas junto a las suyas en la hierba.
La Estrella Polar sigue brillando.
viernes, 6 de septiembre de 2013
Capítulo 18
Narra
Melissa
Narra Melissa
Blanca
se acerca, veo que tiene los ojos rojizos. Espera, ¿qué
pretende...?
Antes
de poder reaccionar, se lanza hacia mí, y me golpea la cara, a la
vez que me tira al suelo. No entiendo nada...
Esquivo
su puño a duras penas, y recibo una ostia en la mejilla izquierda,
que me empieza a escocer en seguida. Lucía lanza un grito de alarma,
y veo como sale corriendo hacia nosotras... cuando Blanca parece
hacer ademán de morderme.
-¡Blanca!-Lucía
la ha agarrado por las muñecas, y yo me levanto a toda prisa, con
los músculos entumecidos.
-¿Qué
diablos te pasa?-quiero gritar, pero la voz me sale ahogada por la
confusión.
Entonces
ella rompe a llorar, y deja caer la cabeza, quedándose totalmente
flácida.
-No
lo sé...-susurra, con la voz rota.
-¿En
qué pensabas?-insisto, intentando sonar menos dura.
-¿Te
he hecho daño?-su voz suena alarmada-. Yo... no sé que pensaba, lo
siento, de verdad. Lo siento...
Me
acerco, y le hago un gesto a Lucía, que tiene cara de total
desconcierto, para que le suelte las muñecas.
-A
ver, tienes un problema, sea el que sea, cuéntalo-le digo, despacio.
Suspira,
y se levanta, quedando sentada en el suelo, con la cara enterrada
entre las manos.
-No
lo sé ni yo...
-¿Zayn?-pregunto,
cruzando una mirada con Lucía, queriendo decir que me deje a solas
con ella. Lo entiende, y sale de la salita del avión-. ¿Te dijo
algo... cuando te llevó a casa?
Me
mira por fin, mordiéndose el labio.
-Blanca...-insisto,
pero ella sigue callada-. Bueno, si no quieres contármelo no hace
falta, no voy a...
Ya
estoy saliendo yo también de la estancia, sacudiendo la cabeza,
cuando me habla:
-No.
Sí quiero hablar.
-Bien,
entonces habla. ¿Quieres un vaso de agua?
Se
encoge de hombros, así que en vez de agua, traigo refrescos del
pequeño armario de bebidas.
Luego
me siento junto a ella en el sofá.
-¿Te
dijo... o hizo algo?
-Meli,
él, no sé que pretende...
-¿Pretende
haciendo qué?
-Primero
se pone muy... por así decirlo, cariñoso... y luego de repente
brusco. No lo entiendo.
-Si
me lo cuentas así yo me entero aún menos-replico-. ¿Puedo saber
qué pasó cuando te llevó al hotel?
Se
vuelve a morder el labio.
-Le
pregunté que qué pasó con Perrie... bueno, no, él me lo dijo.
-¿Y...?
-Me
dijo que era mi culpa...
-¿Tu
culpa?-estallo, interrumpiéndola-. ¿Zayn dijo eso? ¿Cómo te culpa
por eso...?
-Melissa,
déjame hablar-corta, seria-. Dijo que ella creía que Zayn tonteó
conmigo... en el concierto.
-Ah...
¿Y tanto te duele eso?-«MELI- me digo-. ¡Cómo dices eso! ¡Boba!».
Ahora se cabreará, seguro.
-No,
eso no es.
-¿Entonces?
-Es
que... cuando salí del coche... Se acercó y...
-¿Te
besó?
-¡Meli!-exclama,
y el rubor sube a sus mejillas-. No. Bueno, casi... pero luego me
apartó, bruscamente. No sé a que juega-su voz se ha roto otra vez.
-Ah,
tiene novia, chica. ¿Qué esperas?
-No
quiero que juegue conmigo, eso es todo.
-¿Crees
que juega contigo?
-No
sé qué pensar... Zayn es una buena persona... por eso me duele
pensar siquiera que juega conmigo, pero no lo entiendo... Oh, ¿qué
hago?
¿Sabéis
esos momentos en los que quieres ayudar a una amiga, pero no veis la
forma, ni os salen las palabras? Pues este es uno de esos momentos de
impotencia.
-Meli,
yo quise siempre llevarme bien con ellos, ser su amiga... confiar,
reír... y ahora que lo podría haber tenido lo he estropeado todo.
-Están
los otros cuatro, y además...
-¿Los
otros cuatro? ¿Recuerdas cuando decíamos que One Direction no sería
nada sin uno de los cinco? Pues esto es igual.
-Todavía
puedes...
-¡No!
Empiezo
a perder los nervios, sobre todo porque sé que no conseguiré
animarla, justo cuando su móvil suena. “Zayn”, se ve en la
pantalla.
-¡Ah,
por Dios! Ya sabía yo que debería haber apagado el móvil-ha estado
otra vez llorando, y ahora se seca las lágrimas con la mano,
furiosa-. ¿Ahora qué quiere? No puedo... Meli, cógelo tú.
-No,
no lo voy a coger. Todavía puedes arreglar las cosas, pero tienes
que hacerlo sola.
Me
levanto y me voy a dónde creo que encontraré a Lucía.
Narra
Zayn
«¿Por
qué llamas?» me pregunto. Me dijo Liam hace media hora que hiciese
esto, y creo que no ha sido buena idea.
-Vi
su cara al ver que hablabas con Melissa. Vi la cara que puso al oír
que seguías mal por Perrie. ¿Qué pasó?-me dijo Liam. Yo había
dudado, pero le había respondido que la culpé por la pelea con
Perrie. No le conté toda la verdad, claro está.
Y
aquí estoy, con el número de Blanca marcado, y el teléfono
irritando mi oído con el pitido que indica que está comunicando.
No
va a responder, o eso parece. Me siento confuso. Todavía no he
arreglado las cosas con Perrie, y tampoco sé por qué actué así
con Blanca. Me sobresalta un “¿Qué?” de voz quebrada e
irritada, al otro lado de la línea.
-¿Blanca?
-¿Qué
quieres?
¿Habrá
llorado? Porque su voz suena ronca, además de cortante y enfadada...
o dolida.
-¿Estás
bien?
-No
me llamarías sólo para preguntarme eso.
-Bueno,
para pedirte perdón... y desearte suerte para los conciertos.
-¿Perdón?
¿Debo entender que te sientes culpable? ¿Por qué?
-Me
dijo Liam que lo hiciera y creo que...
Hay
un silencio, que me resulta eterno. No debería haber dicho eso, lo
sé, pero ya está hecho. Ahora todo el enfado que sienta se habrá
duplicado.
-Claro.
Claro que te lo pidió Liam. No ibas a llamarme para pedir
perdón-suena seco, como un filo hecho de arena ardiente que pone fin
a la llamada.
-¡Zayn!-es
María, que aparece en la puerta de entrada.
-Ya
voy-murmuro, y me uno a ellos, entando en la casa.
-Decíamos
que podríamos ir a algún sitio a pasar lo que les queda a las
chicas de vacaciones-cuenta Harry, sentado en el sofá de la casa de
Liam, a donde vinimos cuando Melissa, Blanca y Lucía fueron al
aeropuerto.
-¿Como
cuál?-pregunto, sin muchas ganas.
-Pensamos
en la casa que tiene el tío de Louis en el campo-repone Niall,
mordisqueando un caramelo, con cara de concentración.
-¿Te
parece bien el plan?-quiere saber Louis.
-Estará
bien, deberíamos descansar un poco de todo esto, sí-admito.
-Genial,
pues podemos partir mañana- Louis se levanta del asiento y se estira
como un gato-. ¿A qué hora estaréis listos?
-Pregúntatelo
a ti mismo, Tommo-repone Harry, y Louis le lanza una
mirada de soslayo-. Eres el que siempre tarda tanto en preparase.
Louis
bizquea, lo que arranca varias carcajadas entre el resto.
-Bueno,
tal y como está todo, creo que deberíamos ir yéndonos, avisar en
la residencia, y preparar todo-Clara se ha levantado, y se alisa la
camiseta, que se había arrugado.
-Clara
tiene razón, o no saldremos nunca-Noelia se levanta también, y le
tiende a María una mano, para hacer que ésta se mueva de su sitio.
-¿Os
llevamos?-intervengo, dispuesto a ser de ayuda, pero Clara niega y me
da un golpecito en la cabeza, poniéndose de puntillas un poco.
-No
hace falta, ya habéis hecho mucho, en serio.
-No
lo haríamos si no os lo merecieseis y si no nos cayeseis bien- Harry
la atrae hacia sí cogiéndola por un brazo, y le da un beso en la
frente, que produce que el rubor suba a sus mejillas y que suelte un
risilla.
«Así
debería tratar a Blanca, y no como lo hago»
-Muchas
gracias por todo chicos, esto no deja de ser un sueño y algo
exagerado- Noelia se tira de un mechón de su pelo castaño, y Niall
la imita, tirando del resto del cabello, a lo que ella responde con
un: “Ay” y una colleja cariñosa en la mejilla.
-Payaso,
ahora verás-espeta, riendo, y sale corriendo tras Niall, que ya ha
huido.
-¡Oh,
genial, así no nos iremos en la vida!- María ha alzado las manos en
un gesto teatral y suspira.
-Admite
que no quieres irte-replica Louis, con voz pícara.
-Admite
tú que nos queréis aquí-repone ella, en el mismo tono.
-Lo
admitimos- Liam se cruza de brazos y sonríe. Louis y María se giran
hacia él.
-¿Ah
sí?-dice ella, con una sonrisita triunfal.
-¡Liam!
¡Che!- Louis finge espanto.
-¡Che!
Eso digo, yo- repone Clara, y acto seguido se coloca las manos a modo
de bocina ante la boca-. ¡Noelia! ¡Horan! ¡Vamos ya!
Una
figura de pelo rubio... manchado de rosa entra por la puerta de la
cocina. Tras Niall está Noe, riéndose sin parar, y con la cara
medio rosa.
-¿Qué
diablos?-empiezo, pero Noelia señala a Niall y pregunta:
-¿Os
gustan sus mechas?
-¿Y
a vosotros su maquillaje?-dice Niall a su vez.
-¿Qué
habéis hecho?-exclama Clara, conteniendo la risa a duras penas.
-Nada...
guerra de fresas, lo normal- ríe Niall.
-Uy,
si, muy normal desde luego, es el arma de moda... - María enarca una
ceja, y mira a Niall, Noelia, Louis y Harry, que se ríen como cuatro
locos.
-¡Las
fresas! ¡Yo las quería de postre!-protesta Liam.
-Venga,
guerrera loca, vamos ya para casa.
Noelia
deja de reír y se despide de Niall con un abrazo. Va a abrazar a
Liam, cuando este salta hacia atrás.
-Ni
hablar, no quiero acabar como vosotros.
Con
un encogimiento de hombros, va a abrazar a Louis, pero este sale
corriendo. Noe bufa y pone los ojos en blanco.
-¿Alguno
me dará un abrazo?
-¡No!-responden,
con una coordinación repentina. Yo niego-. Mala gente...
-Mala
gente vosotros, que usáis mis fresas como arma- Liam sonríe, y su
enfado fingido no resulta creíble, la verdad.
Las
chicas recogen sus bolsos y salen por la puerta. Liam les da
indicaciones hasta la parada de metro más cercana, y cruzan la valla
del jardín y se alejan, hablando de sus cosas, felices.
«Yo
a Blanca no la dejé feliz».
Narra
María
Caminamos
hacia la parada que nos dijo Liam, riéndonos de la cara manchada de
Noe y bromeando sobre la supuesta nueva moda de Niall, teñido de
rosa.
-Chicas,
¿no os parece raro?-pregunto de pronto, mientras las farolas
derraman su luz naranja sobre nosotras. Por alguna razón, me viene
“More than this” a la cabeza; puede que sea este ambiente feliz y
tranquilo, juntado con el aire nocturno. El tiempo con los chicos
pasa tan rápido... Parece como si sólo hubiésemos estado media
hora en casa de Liam, y no todo el día. Casi se nos había olvidado
comer y todo, pero Niall nos lo recordó sobre las cuatro, y todos
nos dimos cuenta del hambre que teníamos. Habíamos jugado a juegos
de mesa, hecho bromas, guerra de almohadas incluso. Habíamos subido
fotos a Instagram y a Twitter, junto con tweets
de bromas o cosas que creíamos que merecía la pena contar a las
fans. Me pregunto ahora cómo habrán reaccionado... tendré mi
cuenta repleta de menciones. Y después de todo, me paro a pensar en
todo lo que ha pasado, y no creo que pueda ser real.
Clara
responde a mi pregunta entonces:
-¿Raro?
María, que Niall no se ha teñido en serio...
-No
es eso, tonta. Digo, que si esto no os parece raro... todo lo que nos
está pasando, con los chicos, que si no os parece irreal. Porque a
mí sí, aunque lo asimilo de cierta manera.
-Sí,
es verdad, todo esto es increíble. Nunca pensé que de verdad podría
pasar...- admite, con un tono emocionado y soñador.
-Si
lo piensas... crees estar en un sueño, ¿verdad?-añade Noe, en un
susurro.
En
ese momento bajamos al subsuelo donde se extiende la red de metro
londinense. Me llama la atención un hombre que cambia uno de los
carteles de la pared. El cartel que quitan es el del concierto de
Blanca; una oleada de alegría y orgullo me recorre, juntada con
incredulidad. Niego con la cabeza y reprimo las lágrimas.
Oímos
el ruido del vagón del metro antes de que nos de tiempo a decir nada
sobre el cartel, y Noe grita:
-¡Corred!
Salimos
disparadas por los pasillos del metro, riendo como tres locas,
bajando escaleras con el riesgo continuo de poder caernos.
Nos
metemos en el tren justo cuando las puertas se cierran con un último
pitido, y nos quedamos de pie, porque no hay sitio para sentarse.
-¿Hablamos
en español a ver si se quedan un poco boquiabiertos?-propone Clara.
-Vale,
di algo tú anda- replico con una risotada.
-¡Hola
gente! ¿Qué tal todo?-casi grita, y Noe corre a taparle la boca,
pero ya está hecho; todos nos miran. Ella sigue, apartando la mano
de Noelia-: ¿Qué? Soy preciosa, ¿verdad? Lo sé, enamoro-exclama,
poniendo a la última palabra un matiz seductor.
Cuando
nos bajamos en nuestra parada y subimos las escaleras, Noelia, roja
como un tomate, le espeta:
-Oh,
qué tonta eres. Es que de verdad que...
Clara
se ríe como una posesa.
-¡Ha
sido genial!
-Ya,
todo un espectáculo de payasos- intervengo.
-Pues,
sí. Ale, estudiaré para payasa del circo.
-Pues
claro, andas como un pato mareado- Noelia la mira de soslayo,
burlona.
-¡Si
claro! Y tú como un caracol.
-Los
caracoles no andan-replica Noe.
-Pues
por eso mismo- empieza a reírse otra vez, y me contagia la risa. Noe
arruga la nariz y se echa también a reír.
Ya
cuando flanqueamos el portón de la zona residencial de la
universidad, suspiro, y digo:
-Definitivamente,
todo lo que nos ha pasado es un sueño. Es, en una palabra...
-Perfecto-sonríe
Clara, y nos abrazamos.
Narra Melissa
Blanca
se acerca, veo que tiene los ojos rojizos. Espera, ¿qué
pretende...?
Antes
de poder reaccionar, se lanza hacia mí, y me golpea la cara, a la
vez que me tira al suelo. No entiendo nada...
Esquivo
su puño a duras penas, y recibo una ostia en la mejilla izquierda,
que me empieza a escocer en seguida. Lucía lanza un grito de alarma,
y veo como sale corriendo hacia nosotras... cuando Blanca parece
hacer ademán de morderme.
-¡Blanca!-Lucía
la ha agarrado por las muñecas, y yo me levanto a toda prisa, con
los músculos entumecidos.
-¿Qué
diablos te pasa?-quiero gritar, pero la voz me sale ahogada por la
confusión.
Entonces
ella rompe a llorar, y deja caer la cabeza, quedándose totalmente
flácida.
-No
lo sé...-susurra, con la voz rota.
-¿En
qué pensabas?-insisto, intentando sonar menos dura.
-¿Te
he hecho daño?-su voz suena alarmada-. Yo... no sé que pensaba, lo
siento, de verdad. Lo siento...
Me
acerco, y le hago un gesto a Lucía, que tiene cara de total
desconcierto, para que le suelte las muñecas.
-A
ver, tienes un problema, sea el que sea, cuéntalo-le digo, despacio.
Suspira,
y se levanta, quedando sentada en el suelo, con la cara enterrada
entre las manos.
-No
lo sé ni yo...
-¿Zayn?-pregunto,
cruzando una mirada con Lucía, queriendo decir que me deje a solas
con ella. Lo entiende, y sale de la salita del avión-. ¿Te dijo
algo... cuando te llevó a casa?
Me
mira por fin, mordiéndose el labio.
-Blanca...-insisto,
pero ella sigue callada-. Bueno, si no quieres contármelo no hace
falta, no voy a...
Ya
estoy saliendo yo también de la estancia, sacudiendo la cabeza,
cuando me habla:
-No.
Sí quiero hablar.
-Bien,
entonces habla. ¿Quieres un vaso de agua?
Se
encoge de hombros, así que en vez de agua, traigo refrescos del
pequeño armario de bebidas.
Luego
me siento junto a ella en el sofá.
-¿Te
dijo... o hizo algo?
-Meli,
él, no sé que pretende...
-¿Pretende
haciendo qué?
-Primero
se pone muy... por así decirlo, cariñoso... y luego de repente
brusco. No lo entiendo.
-Si
me lo cuentas así yo me entero aún menos-replico-. ¿Puedo saber
qué pasó cuando te llevó al hotel?
Se
vuelve a morder el labio.
-Le
pregunté que qué pasó con Perrie... bueno, no, él me lo dijo.
-¿Y...?
-Me
dijo que era mi culpa...
-¿Tu
culpa?-estallo, interrumpiéndola-. ¿Zayn dijo eso? ¿Cómo te culpa
por eso...?
-Melissa,
déjame hablar-corta, seria-. Dijo que ella creía que Zayn tonteó
conmigo... en el concierto.
-Ah...
¿Y tanto te duele eso?-«MELI- me digo-. ¡Cómo dices eso! ¡Boba!».
Ahora se cabreará, seguro.
-No,
eso no es.
-¿Entonces?
-Es
que... cuando salí del coche... Se acercó y...
-¿Te
besó?
-¡Meli!-exclama,
y el rubor sube a sus mejillas-. No. Bueno, casi... pero luego me
apartó, bruscamente. No sé a que juega-su voz se ha roto otra vez.
-Ah,
tiene novia, chica. ¿Qué esperas?
-No
quiero que juegue conmigo, eso es todo.
-¿Crees
que juega contigo?
-No
sé qué pensar... Zayn es una buena persona... por eso me duele
pensar siquiera que juega conmigo, pero no lo entiendo... Oh, ¿qué
hago?
¿Sabéis
esos momentos en los que quieres ayudar a una amiga, pero no veis la
forma, ni os salen las palabras? Pues este es uno de esos momentos de
impotencia.
-Meli,
yo quise siempre llevarme bien con ellos, ser su amiga... confiar,
reír... y ahora que lo podría haber tenido lo he estropeado todo.
-Están
los otros cuatro, y además...
-¿Los
otros cuatro? ¿Recuerdas cuando decíamos que One Direction no sería
nada sin uno de los cinco? Pues esto es igual.
-Todavía
puedes...
-¡No!
Empiezo
a perder los nervios, sobre todo porque sé que no conseguiré
animarla, justo cuando su móvil suena. “Zayn”, se ve en la
pantalla.
-¡Ah,
por Dios! Ya sabía yo que debería haber apagado el móvil-ha estado
otra vez llorando, y ahora se seca las lágrimas con la mano,
furiosa-. ¿Ahora qué quiere? No puedo... Meli, cógelo tú.
-No,
no lo voy a coger. Todavía puedes arreglar las cosas, pero tienes
que hacerlo sola.
Me
levanto y me voy a dónde creo que encontraré a Lucía.
Narra
Zayn
«¿Por
qué llamas?» me pregunto. Me dijo Liam hace media hora que hiciese
esto, y creo que no ha sido buena idea.
-Vi
su cara al ver que hablabas con Melissa. Vi la cara que puso al oír
que seguías mal por Perrie. ¿Qué pasó?-me dijo Liam. Yo había
dudado, pero le había respondido que la culpé por la pelea con
Perrie. No le conté toda la verdad, claro está.
Y
aquí estoy, con el número de Blanca marcado, y el teléfono
irritando mi oído con el pitido que indica que está comunicando.
No
va a responder, o eso parece. Me siento confuso. Todavía no he
arreglado las cosas con Perrie, y tampoco sé por qué actué así
con Blanca. Me sobresalta un “¿Qué?” de voz quebrada e
irritada, al otro lado de la línea.
-¿Blanca?
-¿Qué
quieres?
¿Habrá
llorado? Porque su voz suena ronca, además de cortante y enfadada...
o dolida.
-¿Estás
bien?
-No
me llamarías sólo para preguntarme eso.
-Bueno,
para pedirte perdón... y desearte suerte para los conciertos.
-¿Perdón?
¿Debo entender que te sientes culpable? ¿Por qué?
-Me
dijo Liam que lo hiciera y creo que...
Hay
un silencio, que me resulta eterno. No debería haber dicho eso, lo
sé, pero ya está hecho. Ahora todo el enfado que sienta se habrá
duplicado.
-Claro.
Claro que te lo pidió Liam. No ibas a llamarme para pedir
perdón-suena seco, como un filo hecho de arena ardiente que pone fin
a la llamada.
-¡Zayn!-es
María, que aparece en la puerta de entrada.
-Ya
voy-murmuro, y me uno a ellos, entando en la casa.
-Decíamos
que podríamos ir a algún sitio a pasar lo que les queda a las
chicas de vacaciones-cuenta Harry, sentado en el sofá de la casa de
Liam, a donde vinimos cuando Melissa, Blanca y Lucía fueron al
aeropuerto.
-¿Como
cuál?-pregunto, sin muchas ganas.
-Pensamos
en la casa que tiene el tío de Louis en el campo-repone Niall,
mordisqueando un caramelo, con cara de concentración.
-¿Te
parece bien el plan?-quiere saber Louis.
-Estará
bien, deberíamos descansar un poco de todo esto, sí-admito.
-Genial,
pues podemos partir mañana- Louis se levanta del asiento y se estira
como un gato-. ¿A qué hora estaréis listos?
-Pregúntatelo
a ti mismo, Tommo-repone Harry, y Louis le lanza una
mirada de soslayo-. Eres el que siempre tarda tanto en preparase.
Louis
bizquea, lo que arranca varias carcajadas entre el resto.
-Bueno,
tal y como está todo, creo que deberíamos ir yéndonos, avisar en
la residencia, y preparar todo-Clara se ha levantado, y se alisa la
camiseta, que se había arrugado.
-Clara
tiene razón, o no saldremos nunca-Noelia se levanta también, y le
tiende a María una mano, para hacer que ésta se mueva de su sitio.
-¿Os
llevamos?-intervengo, dispuesto a ser de ayuda, pero Clara niega y me
da un golpecito en la cabeza, poniéndose de puntillas un poco.
-No
hace falta, ya habéis hecho mucho, en serio.
-No
lo haríamos si no os lo merecieseis y si no nos cayeseis bien- Harry
la atrae hacia sí cogiéndola por un brazo, y le da un beso en la
frente, que produce que el rubor suba a sus mejillas y que suelte un
risilla.
«Así
debería tratar a Blanca, y no como lo hago»
-Muchas
gracias por todo chicos, esto no deja de ser un sueño y algo
exagerado- Noelia se tira de un mechón de su pelo castaño, y Niall
la imita, tirando del resto del cabello, a lo que ella responde con
un: “Ay” y una colleja cariñosa en la mejilla.
-Payaso,
ahora verás-espeta, riendo, y sale corriendo tras Niall, que ya ha
huido.
-¡Oh,
genial, así no nos iremos en la vida!- María ha alzado las manos en
un gesto teatral y suspira.
-Admite
que no quieres irte-replica Louis, con voz pícara.
-Admite
tú que nos queréis aquí-repone ella, en el mismo tono.
-Lo
admitimos- Liam se cruza de brazos y sonríe. Louis y María se giran
hacia él.
-¿Ah
sí?-dice ella, con una sonrisita triunfal.
-¡Liam!
¡Che!- Louis finge espanto.
-¡Che!
Eso digo, yo- repone Clara, y acto seguido se coloca las manos a modo
de bocina ante la boca-. ¡Noelia! ¡Horan! ¡Vamos ya!
Una
figura de pelo rubio... manchado de rosa entra por la puerta de la
cocina. Tras Niall está Noe, riéndose sin parar, y con la cara
medio rosa.
-¿Qué
diablos?-empiezo, pero Noelia señala a Niall y pregunta:
-¿Os
gustan sus mechas?
-¿Y
a vosotros su maquillaje?-dice Niall a su vez.
-¿Qué
habéis hecho?-exclama Clara, conteniendo la risa a duras penas.
-Nada...
guerra de fresas, lo normal- ríe Niall.
-Uy,
si, muy normal desde luego, es el arma de moda... - María enarca una
ceja, y mira a Niall, Noelia, Louis y Harry, que se ríen como cuatro
locos.
-¡Las
fresas! ¡Yo las quería de postre!-protesta Liam.
-Venga,
guerrera loca, vamos ya para casa.
Noelia
deja de reír y se despide de Niall con un abrazo. Va a abrazar a
Liam, cuando este salta hacia atrás.
-Ni
hablar, no quiero acabar como vosotros.
Con
un encogimiento de hombros, va a abrazar a Louis, pero este sale
corriendo. Noe bufa y pone los ojos en blanco.
-¿Alguno
me dará un abrazo?
-¡No!-responden,
con una coordinación repentina. Yo niego-. Mala gente...
-Mala
gente vosotros, que usáis mis fresas como arma- Liam sonríe, y su
enfado fingido no resulta creíble, la verdad.
Las
chicas recogen sus bolsos y salen por la puerta. Liam les da
indicaciones hasta la parada de metro más cercana, y cruzan la valla
del jardín y se alejan, hablando de sus cosas, felices.
«Yo
a Blanca no la dejé feliz».
Narra
María
Caminamos
hacia la parada que nos dijo Liam, riéndonos de la cara manchada de
Noe y bromeando sobre la supuesta nueva moda de Niall, teñido de
rosa.
-Chicas,
¿no os parece raro?-pregunto de pronto, mientras las farolas
derraman su luz naranja sobre nosotras. Por alguna razón, me viene
“More than this” a la cabeza; puede que sea este ambiente feliz y
tranquilo, juntado con el aire nocturno. El tiempo con los chicos
pasa tan rápido... Parece como si sólo hubiésemos estado media
hora en casa de Liam, y no todo el día. Casi se nos había olvidado
comer y todo, pero Niall nos lo recordó sobre las cuatro, y todos
nos dimos cuenta del hambre que teníamos. Habíamos jugado a juegos
de mesa, hecho bromas, guerra de almohadas incluso. Habíamos subido
fotos a Instagram y a Twitter, junto con tweets
de bromas o cosas que creíamos que merecía la pena contar a las
fans. Me pregunto ahora cómo habrán reaccionado... tendré mi
cuenta repleta de menciones. Y después de todo, me paro a pensar en
todo lo que ha pasado, y no creo que pueda ser real.
Clara
responde a mi pregunta entonces:
-¿Raro?
María, que Niall no se ha teñido en serio...
-No
es eso, tonta. Digo, que si esto no os parece raro... todo lo que nos
está pasando, con los chicos, que si no os parece irreal. Porque a
mí sí, aunque lo asimilo de cierta manera.
-Sí,
es verdad, todo esto es increíble. Nunca pensé que de verdad podría
pasar...- admite, con un tono emocionado y soñador.
-Si
lo piensas... crees estar en un sueño, ¿verdad?-añade Noe, en un
susurro.
En
ese momento bajamos al subsuelo donde se extiende la red de metro
londinense. Me llama la atención un hombre que cambia uno de los
carteles de la pared. El cartel que quitan es el del concierto de
Blanca; una oleada de alegría y orgullo me recorre, juntada con
incredulidad. Niego con la cabeza y reprimo las lágrimas.
Oímos
el ruido del vagón del metro antes de que nos de tiempo a decir nada
sobre el cartel, y Noe grita:
-¡Corred!
Salimos
disparadas por los pasillos del metro, riendo como tres locas,
bajando escaleras con el riesgo continuo de poder caernos.
Nos
metemos en el tren justo cuando las puertas se cierran con un último
pitido, y nos quedamos de pie, porque no hay sitio para sentarse.
-¿Hablamos
en español a ver si se quedan un poco boquiabiertos?-propone Clara.
-Vale,
di algo tú anda- replico con una risotada.
-¡Hola
gente! ¿Qué tal todo?-casi grita, y Noe corre a taparle la boca,
pero ya está hecho; todos nos miran. Ella sigue, apartando la mano
de Noelia-: ¿Qué? Soy preciosa, ¿verdad? Lo sé, enamoro-exclama,
poniendo a la última palabra un matiz seductor.
Cuando
nos bajamos en nuestra parada y subimos las escaleras, Noelia, roja
como un tomate, le espeta:
-Oh,
qué tonta eres. Es que de verdad que...
Clara
se ríe como una posesa.
-¡Ha
sido genial!
-Ya,
todo un espectáculo de payasos- intervengo.
-Pues,
sí. Ale, estudiaré para payasa del circo.
-Pues
claro, andas como un pato mareado- Noelia la mira de soslayo,
burlona.
-¡Si
claro! Y tú como un caracol.
-Los
caracoles no andan-replica Noe.
-Pues
por eso mismo- empieza a reírse otra vez, y me contagia la risa. Noe
arruga la nariz y se echa también a reír.
Ya
cuando flanqueamos el portón de la zona residencial de la
universidad, suspiro, y digo:
-Definitivamente,
todo lo que nos ha pasado es un sueño. Es, en una palabra...
-Perfecto-sonríe
Clara, y nos abrazamos.
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