Narra
Zayn
Las conversaciones con Blanca me
rondan por la cabeza, todas a la vez, creando confusión en mi
cabeza. Es como tener miles de Blancas y yos ahí dentro,
incordiando.
-No te echo de menos- murmuro, para el
aire, o las paredes, como si fueran Blanca.
Pero sus ojos vuelven a mi mente; noto
las vibraciones de emoción cuando nos conoció; el sonido de su voz
en los conciertos se transforma en el zumbido de mi sangre. Noto los
latidos del corazón en los oídos; va lento y rápido a la vez.
«No, no te echo de...».
El pitido del móvil me hace abrir los
ojos, y la imagen de Blanca impresa en mis párpados se difumina
lentamente.
En la pantalla leo que tengo dos
mensajes, de dos nombres:
Perrie, mi novia.
Y Clara; su mensaje empieza con la
palabra “Blanca”.
Me pellizco el vello de la nuca, y me
repito:
«No te cae bien, no te cae bien...».
Voy a abrir el mensaje de Perrie, pero
me encuentro leyendo el de Clara:
“Blanca actúa hoy en Barcelona. Es
el último concierto. Vendrá a Londres mañana, pero veremos si se
queda. Nosotras tenemos que estudiar para los primeros exámenes, así
que no podremos recibirla...”
Luego lo cierro y abro el de Perrie,
que dice:
“Ya habéis vuelto del campo, ¿no?
Nos vemos en media hora, ¿te parece? Paso a por ti”.
Reacciono en seguida, y me doy cuenta
de que sigo en pijama; ayer fuimos a una fiesta, y he dormido hasta
tarde hoy.
Me pongo unos vaqueros ajustados rotos
por las rodillas, una camiseta del mismo color y una gorra de skate.
Froto mis ojos, para sacudirme esta sensación de pereza de encima, y
me cepillo el pelo, retocándolo con algo de gomina.
Como noto los párpados pesados sobre
mis globos oculares, decido que lo mejor será prepararme un café, a
ver si el día se despeja un poco.
Dicho y hecho; bajo a la cocina, saco
el café y preparo la cafetera. Me siento en una silla a esperar, con
la mente revuelta. Mis ojos se van cerrando poco a poco...
-¡Zayn! ¡Dejame en paz!- Blanca está
más dolida que enfadada, y su voz resulta increíblemente chillona y
aguda; me perfora los oídos de forma desagradable...
Sacudo la cabeza y parpadeo. No hay
ninguna Blanca aquí; me había quedado medio dormido. Y resulta que
lo que parecía una voz demasiado chillona es el timbre, que no deja
de sonar.
-¿Qué?- entonces recuerdo-. ¡Ah,
Perrie!
Me levanto, la silla cae al suelo, y
llego hasta la puerta de mi piso. La abro, y me encuentro con una
Perrie que parece frustrada.
-¡Ah! Creía ya que te había ido...
De verdad, Zayn, ¿estás un poco sordo?
-Me había quedado dormido, lo siento-
me rasco la cabeza, extrañamente incómodo. Ella se acerca, creo que
con la intención de besarme, pero, por algún motivo que desconozco,
siento la necesidad de apartarme.
.¡Dios, el café!- acabo de reparar
en el olor a quemado que inunda el piso, y, a la vez, que ha servido
para evitar el beso con mi novia. Una voz en mi cabeza susurra: ¿Qué
te pasa, Zayn?
-Zayn, ¿qué te pasa?- dice Perrie,
frunciendo el ceño, a la vez que me mira, buscando encontrarse con
mi mirada-. Estás... raro.
Me encojo de hombros; yo tampoco sé
bien qué me pasa.
Al entrar en la cocina, dando
traspiés, y abrir la cafetera, tuerzo el gesto: está muy quemado.
Como un tonto, sirvo una taza, y me la llevo a los labios.
-¡Puaj!- escupo todo el café, y la
taza también cae al suelo. El ruido hace que Perrie pegue un brinco.
-Oye, si sabías que está
quemado,¿por qué diablos lo tomas?-bufa mi novia, casi riendo.
-Y yo qué se.
Narra
Blanca
El cielo de Barcelona capital está
nublado, y el brillo del sol es una luz moribunda. Melissa, a mi
lado, carraspea, y bajo la mirada de las nubes, de color gris
plomizo.
-Hoy es el último show- comenta.
-Sí, la verdad es que me da un poco
de pena. Aunque me apetece volver a estar con los chicos- respondo,
asintiendo.
-¿Irás a Londres?
-Por supuesto.
Lucía, que está de pie a nuestro
lado, interviene, alzando una ceja:
-¿Te dejarán?
-Siempre con eso- repongo, bufando-.
No son mis padres; puedo instalarme en donde quiera.
-Mira la rebelde- sonríe Meli, y
Lucía ríe con ganas.
-Oh, sí, soy terriblemente rebelde
por tener derechos- digo, con ironía, aunque una sonrisa tironea de
mis labios.
-En fin, lo hablarás con George, ¿no?
Para que lo sepa y lo tenga en cuenta- Lucía enrolla y desenrolla un
mechón de su pelo.
-Claro, tengo que hacerlo.
-Las fans españolas se llevarán un
disgusto- Melissa me pasa un brazo por los hombros-. ¿Las abandonas?
-Ya me verán. Tampoco será para
siempre, tranquila. ¿Vosotras qué haréis?
-Bueno, como el curso ya ha empezado,
no creo que importe mucho el lugar en el que estudie, ¿no? Y no os
libraréis de mí así como así.
Miramos a Lucía, que vacila.
-No sé lo que haré, ya que depende
del siguiente contrato de telonera- suspira.
Esbozo una sonrisa.
-Hablaremos con George de eso también-
aseguro, y su rostro se ilumina-. No voy a dejar ir a una telonera
tan genial, ¿no?
-Y amiga- añade Meli.
Lucía pega un salto, y la abrazo,
riendo. Melissa no tarda en unirse a nosotras.
-¿Cuando vas a convocar al señor
George para que acuda a tu presencia?- pregunta Lucía, con voz
teatral. Cuando Meli suelta una carcajada, ella le pega un codazo, y
protesta-: Pero que es algo muy serio.
-Lucía, ¿quieres un consejo?- repone
Meli, guiñando un ojo.
-Venga, dígame señora Melo.
-No intentes ser abogada ni mayordomo,
cariño, que harás el payaso.
-Oh, que ofensa, por favor. No me
hables- se cruza de brazos, intentando parecer ofendida.
-Ni actriz- intervengo.
-¡Protesto! Me insultan-empieza a
reírse, y acaba contagiándonos la risa.
Narra
Clara
-¡Clara! Dile ya que te gusta.
Confiesa- exclama María, alzando los brazos.
-No sé de qué me hablas- repongo.
-Tonta.
Estamos en un parque de la ciudad.
Supuestamente, hemos venido a estudiar, pero con María no hay
manera; no hace más que intentar sacar una pareja de mí y de Harry.
-Tía, aunque me gustara, a él no le
intereso nada- repongo, sacudiendo la cabeza.
Los papeles están tirados sobre las
mochilas, en el césped.
-¡Anda que no!
-No vuelvo a quedar para estudiar
contigo- le espeto, aunque con poca seriedad.
-No cambies de tema.
-¡Tú has cambiado de tema! Veníamos
a estudiar.
-Ya, ya... era una excusa.
-Ya lo veo, ya.
Me pregunta durante media hora más
sobre cosas a las que no voy a responder, básicamente, porque son
estúpidas. Al final, le digo que si no se calla le diré a Liam que
le odia, y cierra la boca. Arqueo una ceja; acabo de hacerla callar
con una estupidez.
Por fin, conseguimos empezar a
estudiar. Nos preguntamos el temario, y pronto descubro que María no
se sabe casi nada.
-Pero si sólo es un pequeño examen
inicial, María. ¿Cómo piensas continuar estudiando?
El examen es de literatura, una de las
pocas clases en las que estamos juntas, ya que yo estoy en Biología,
y ella en Periodismo.
Justo cuando empieza a avanzar, su
móvil suena, y tira los papeles en el suelo, a la vez que se lleva
el aparato a la oreja.
-¡Liam!- exclama, sonriente. Pongo
los ojos en blanco. Luego frunce el ceño, y me pasa el móvil-. Es
Harold, para ti.
-¿Harry?- pregunto, por comodidad; ya
sé que es él.
-Clara, me preguntaba si querrías
venirte conmigo. Viene mi hermana. Así te la presento, ¿no?- se
interrumpe, y añade-: ¿O estás muy ocupada?
-¿Ocupada? ¿Cómo iba a estarlo?-
las palabras salen de mi boca, solas; María me mira, burlona-. Nos
vemos ante mi casa en media hora, ¿vale?
-Genial, nos vemos. Un beso.
Cuelga, y una sonrisa tonta queda
prendida en mi cara. No desaparece hasta que mi amiga sacude las
manos ante mí.
-Tierra a Clara. ¿Que no estás
ocupada?- bufa-. ¿No había que estudiar?
-Ya me lo sé- hago un gesto con la
mano, quitando importancia al asunto-. Tú estudia, si quieres
aprobar. ¡Adiós!
Me levanto de un salto, y me voy a
paso ligero hacia casa, todavía sonriente.
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