Narra
Blanca
Oigo el ruido de un
motor, siento frío, la respiración me resulta pesada, como si los
conductos estuvieran taponados. Sí, estoy en una cama, puedo notar
las finas sábanas, la manta que me cubre. Abro los ojos y veo tubos,
me asusto. Inyectan algo en mi cuerpo y llevo una incómoda
mascarilla, por lo que supongo que estoy en un hospital. Pero, ¿y el
motor?
Alguien
se me acerca. Es Meli.
-Uf-suspira-.
Menos mal que estás bien.
Parpadeo,
sin entender.
-¿No
te acuerdas? ¿El humo?
Entonces
comprendo. Estaba en una discoteca con mi amiga, intentamos salir
cuando vimos humo y...
-¿Qué
pasó?-pregunto.
-Te
desplomaste, intenté sacarte, pero la multitud me arrastró. Llamé
a los bomberos, que te rescataron. Temíamos que no despertaras.
Ladeo
la cabeza. Por eso me cuesta respirar. Entonces me quedo tiesa, con
una duda en mente que me asusta.
-¿Podré
seguir cantando?-susurro.
-¡Claro!-la
respuesta, animada y alegre, me da fuerzas- Estamos en el avión de
camino a Dublín.
¿Dublín?
¿Y el segundo show de Madrid?
Meli
me lee la mente, porque dice:
-El
espectáculo de Madrid se canceló. Por tu estado. Lo siento.
Me
muerdo el labio, decepcionada. ¿No les van a compensar?
-Yo
lo siento por los fans-murmuro. Es injusto.
-Pero
no es tu culpa. No puedes hacer nada.
-Lo
sé, eso es lo que más rabia me da.
Esta
vez es ella la que se calla.
-Estoy
ya bien, no quiero seguir en cama.
Asiente,
y me ofrece una mano. Vamos a la estancia principal, donde hay
bebidas, y me tomo una infusión helada.
Salgo
del avión, y los gritos me envuelven. Aquí estoy, en Dublín. Firmo
tanto como me dejan, saludo y reparto besos, que la gente intenta
atrapar. Pero mi mente está ausente, pensando en por qué no voy a
conocer a One Direction.
Subimos
en el coche blanco que nos recoge, y llegamos al hotel en quince
minutos. En las puertas hay más fans, a los que también atiendo.
Cuando llego a mi habitación en la quinta planta, me desplomo en la
cama, y abro el Twitter, donde tengo nuevamente mil tweets.
Decido leer y contestar los quince primeros. Todos son parecidos.
Como <<Gracias por hacerme soñar>> o <<Eres
increíble>> o <<Tu voz mata>>. Intento contestar
de maneras diferentes. Luego llega un tweet curioso:
<<Te
conocí, y tú conocerás a tus ídolos. Solo confía en las palomas,
dan suerte>>. Parpadeo, ¿palomas?
Riendo,
salgo de la página. Me pongo los cascos y me quedo dormida, sin
darme cuenta casi.
-¡Blanca!
Frunzo
el ceño, y veo a Meli, que me sacude.
-!Tienes
que prepararte para el show!
Reacciono,
levantándome de un salto. Me ducho rápido y me peino, luego bajo a
que terminen de arreglarme.
En
un momento dado, me vestiré de los colores del país.
El
concierto transcurre casi como el de Madrid, pero aquí hablo inglés,
además de un poco de castellano, lo que le gusta al público. Hacen
una ola, que me sorprende, mientras los focos crean la bandera de
Irlanda en el publico.
Doy
las gracias y me sumo en la oscuridad, mientras los gritos se apagan.
Hoy
no hay nada de celebraciones, partimos hacia Londres en seguida,
donde permaneceremos casi una semana. Allí veré a mis otras amigas,
y les presentaré a Lucía. Meli la conoce del otro día, y se llevan
bien.
El
avión aterriza a las tres de la madrugada, pero no me libro del
comité de bienvenida de los fanáticos. Hablo con alguno, y
luego nos trasladamos al hotel. Comparto habitación con Melissa,
pero no me importa en absoluto.
Clara,
María y Noe van a una residencia de estudiantes, que resulta estar
casi al lado.
Llego
al cuarto, que está fresco por el aire acondicionado. Está dividido
en dos por un muro, pero no hay puerta, sólo un hueco. Me echo sobre
la mullida cama blanca y morada y dejo mis gafas de sol y el bolso en
la mesita de noche, sobre la que hay una lámpara lila. Meli va a su
parte del cuarto, y yo decido ducharme. El baño es amplio, de los
mismos colores que todo lo demás. La bañera cuenta con cinco
chorros para usarla a modo jacuzzi. Hay dos lavabos, y varias perchas
con toallas y albornoces. El váter está en un baño más pequeño,
contiguo al grande. Me quito la ropa y dejo mi albornoz a mano.
El
agua fresca recorre mi espalda y me hace cosquillas, es agradable. El
jabón huele a vainilla. Me lavo también el pelo, a pesar de la
hora. No me apetece salir, pero me obligo. Me pongo mi pijama de
tirantes verde y me meto en la cama. Creo que huele a lavanda. Esa
noche sueño que estoy en un prado de esas flores moradas, rodeada de
mis ídolos. One Direction...
Melissa
me despierta.
-Hay
que ver la ciudad-dice, sacándome de mi precioso sueño.
Por
un segundo creo que sigo en el prado, pero luego caigo en que sólo
es la habitación del hotel. Son las diez de la mañana. Nos vestimos
y vamos a recepción. Allí me encuentro con mis otras amigas.
-¡Sorpresa!
-gritan, entre risas.
Claro,
me vigilan. Pero nos dejan cierta intimidad, lo que agradezco.
Miramos escaparates antes de ir al London Eye. En la cola unos fans
se acercan, pidiendo autógrafos. Les dejo satisfechos y subimos. Hay
una vista increíble. Hacemos muchas fotos, y le mando un par a Teo,
que está en Madrid.
Tomamos
unos refrescos bajo el Big Ben, hasta que es la hora de comer.
Comemos pizza en el hotel, y luego les digo que tienen que irse;
tengo que preparar cosas para esta noche.
Salgo
al escenario del O2 Arena, entre gritos y saludo, enloqueciendo al
público, que alza la voz. Hago lo rutinario, pero antes de cantar
"Fan Love", inicio un discurso...
-Hola
Londres-digo, en inglés-. ¿Todo bien?
-De
maravilla-ruge el público.
-Bien,
ahora, querría decir un par de palabras a One Direction.
Murmullos
de asombro y expectación. Aunque distingo chillidos excitados.
Hay dos posibilidades: Son Directioners o saben que yo lo soy,
a pesar de mis intentos de esconderlo.
-Esta
canción, "Fan Love", es para ellos. La escribí con
catorce años, durante un viaje, es lo que sentía... y siento-añado,
bajando la voz. Suena raro. Miro de nuevo a mis amigas, en primera
fila, y veo que lloran.
Me
han dado ganas de dar el mejor concierto de todos, las siento entre
el público, aunque no las mire. Ellas me miran fijamente, y Clara
asiente. Sigo.
-Quiero
darles las gracias, porque esto se lo debo. Me enseñaron a ver el
mundo de otra forma, me enseñaron la magia de la música, me
aclararon qué quería ser. Entonces supe, por ellos, que quería
cantar sobre un escenario, cantar para ellos y para los fans. Y
gracias a que me demostraron que los sueños se cumplen estoy ahora
aquí.
Hago
una pausa, y hay un silencio conmovido. La gente llora y me mira,
emocionada.
-Pero
no son los únicos a los que tengo que agradecer esto. Tras llegar a
los escenarios, necesitaba y necesito, apoyo, algo que me diga que a
alguien le gusta lo que hago, que sirvo para esto, que puedo superar
mi timidez. Y para eso estáis vosotros, mis maravillosos fans, y mis
amigas, que me apoyan siempre en todo. Vuestros gritos y sus abrazos
me dan fuerza, junto a las voces de mis ídolos. One Direction.
Gracias
a Harry, Louis, Niall , Liam y Zayn. Gracias a Melissa, Clara, María
y Noelia. A mis productores y a George. Y a esta enorme y fantástica
familia.
Las
luces se apagan, mientras veo las pancartas brillando. Dos simples
palabras las adornan:
《WHITE
FAMILY》
Sí,
curiosamente, mi apellido es White. Irónico. Pero mi padre tiene
antepasados ingleses.
-¡WHITERS!-grito,
en un acto que me sale del corazón.
La
plataforma me traga, y cierro los ojos.
Cuando
los abro, mi amigas me abrazan.
¿Cómo
han llegado tan rápido?
-Ay,
me he emocionado-dice María, con lágrimas en los ojos.
-¿Cómo
has conseguido decir todo eso?-pregunta Meli, con emoción contenida.
Me
encojo de hombros, me salió sólo.
-En
serio, gracias a ti.
-Noe,
no me tenéis que agradecer nada-replico.
Me
lanza una mirada asesina. Nos echamos a reír.
Entonces
entra George.
-Tenéis
vista . Os esperan en la salita.
¿Visita?
No estaba nada previsto. Con el corazón latiendo a mil por hora y
mis amigas, igual de nerviosas, a mi alrededor, sigo a George hasta
el cuarto.
No
hay nadie, así que nos sentamos a esperar, tomando maíz tostado y
refrescos, y hablando.
Pasan
diez minutos, y creo ya que es madre. Siempre se retrasa. La puerta
se abre...
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