Living The Dream

viernes, 9 de agosto de 2013

Capítulo 11

Narra Blanca

Oigo el ruido de un motor, siento frío, la respiración me resulta pesada, como si los conductos estuvieran taponados. Sí, estoy en una cama, puedo notar las finas sábanas, la manta que me cubre. Abro los ojos y veo tubos, me asusto. Inyectan algo en mi cuerpo y llevo una incómoda mascarilla, por lo que supongo que estoy en un hospital. Pero, ¿y el motor? 
Alguien se me acerca. Es Meli.
-Uf-suspira-. Menos mal que estás bien.
Parpadeo, sin entender.
-¿No te acuerdas? ¿El humo?
Entonces comprendo. Estaba en una discoteca con mi amiga, intentamos salir cuando vimos humo y...
-¿Qué pasó?-pregunto.
-Te desplomaste, intenté sacarte, pero la multitud me arrastró. Llamé a los bomberos, que te rescataron. Temíamos que no despertaras.
Ladeo la cabeza. Por eso me cuesta respirar. Entonces me quedo tiesa, con una duda en mente que me asusta.
-¿Podré seguir cantando?-susurro.
-¡Claro!-la respuesta, animada y alegre, me da fuerzas- Estamos en el avión de camino a Dublín.
¿Dublín? ¿Y el segundo show de Madrid? 
Meli me lee la mente, porque dice:
-El espectáculo de Madrid se canceló. Por tu estado. Lo siento.
Me muerdo el labio, decepcionada. ¿No les van a compensar?
-Yo lo siento por los fans-murmuro. Es injusto.
-Pero no es tu culpa. No puedes hacer nada.
-Lo sé, eso es lo que más rabia me da.
Esta vez es ella la que se calla.
-Estoy ya bien, no quiero seguir en cama.
Asiente, y me ofrece una mano. Vamos a la estancia principal, donde hay bebidas, y me tomo una infusión helada.

Salgo del avión, y los gritos me envuelven. Aquí estoy, en Dublín. Firmo tanto como me dejan, saludo y reparto besos, que la gente intenta atrapar. Pero mi mente está ausente, pensando en por qué no voy a conocer a One Direction.
Subimos en el coche blanco que nos recoge, y llegamos al hotel en quince minutos. En las puertas hay más fans, a los que también atiendo. Cuando llego a mi habitación en la quinta planta, me desplomo en la cama, y abro el Twitter, donde tengo nuevamente mil tweets. Decido leer y contestar los quince primeros. Todos son parecidos. Como <<Gracias por hacerme soñar>> o <<Eres increíble>> o <<Tu voz mata>>. Intento contestar de maneras diferentes. Luego llega un tweet curioso:
<<Te conocí, y tú conocerás a tus ídolos. Solo confía en las palomas, dan suerte>>. Parpadeo, ¿palomas?
Riendo, salgo de la página. Me pongo los cascos y me quedo dormida, sin darme cuenta casi.
-¡Blanca!
Frunzo el ceño, y veo a Meli, que me sacude.
-!Tienes que prepararte para el show!
Reacciono, levantándome de un salto. Me ducho rápido y me peino, luego bajo a que terminen de arreglarme.
En un momento dado, me vestiré de los colores del país.
El concierto transcurre casi como el de Madrid, pero aquí hablo inglés, además de un poco de castellano, lo que le gusta al público. Hacen una ola, que me sorprende, mientras los focos crean la bandera de Irlanda en el publico.
Doy las gracias y me sumo en la oscuridad, mientras los gritos se apagan.

Hoy no hay nada de celebraciones, partimos hacia Londres en seguida, donde permaneceremos casi una semana. Allí veré a mis otras amigas, y les presentaré a Lucía. Meli la conoce del otro día, y se llevan bien.
El avión aterriza a las tres de la madrugada, pero no me libro del comité de bienvenida de los fanáticos.  Hablo con alguno, y luego nos trasladamos al hotel. Comparto habitación con Melissa, pero no me importa en absoluto.
Clara, María y Noe van a una residencia de estudiantes, que resulta estar casi al lado.
Llego al cuarto, que está fresco por el aire acondicionado. Está dividido en dos por un muro, pero no hay puerta, sólo un hueco. Me echo sobre la mullida cama blanca y morada y dejo mis gafas de sol y el bolso en la mesita de noche, sobre la que hay una lámpara lila. Meli va a su parte del cuarto, y yo decido ducharme. El baño es amplio, de los mismos colores que todo lo demás. La bañera cuenta con cinco chorros para usarla a modo jacuzzi. Hay dos lavabos, y varias perchas con toallas y albornoces. El váter está en un baño más pequeño, contiguo al grande. Me quito la ropa y dejo mi albornoz a mano.
El agua fresca recorre mi espalda y me hace cosquillas, es agradable. El jabón huele a vainilla. Me lavo también el pelo, a pesar de la hora. No me apetece salir, pero me obligo. Me pongo mi pijama de tirantes verde y me meto en la cama. Creo que huele a lavanda. Esa noche sueño que estoy en un prado de esas flores moradas, rodeada de mis ídolos. One Direction...

Melissa me despierta.
-Hay que ver la ciudad-dice, sacándome de mi precioso sueño.
Por un segundo creo que sigo en el prado, pero luego caigo en que sólo es la habitación del hotel. Son las diez de la mañana. Nos vestimos y vamos a recepción. Allí me encuentro con mis otras amigas.
-¡Sorpresa! -gritan, entre risas.
Claro, me vigilan. Pero nos dejan cierta intimidad, lo que agradezco. Miramos escaparates antes de ir al London Eye. En la cola unos fans se acercan, pidiendo autógrafos. Les dejo satisfechos y subimos. Hay una vista increíble. Hacemos muchas fotos, y le mando un par a Teo, que está en Madrid.
Tomamos unos refrescos bajo el Big Ben, hasta que es la hora de comer. Comemos pizza en el hotel, y luego les digo que tienen que irse; tengo que preparar cosas para esta noche.
Salgo al escenario del O2 Arena, entre gritos y saludo, enloqueciendo al público, que alza la voz. Hago lo rutinario, pero antes de cantar "Fan Love", inicio un discurso...
-Hola Londres-digo, en inglés-. ¿Todo bien?
-De maravilla-ruge el público.
-Bien, ahora, querría decir un par de palabras a One Direction.
Murmullos de asombro y expectación.  Aunque distingo chillidos excitados.  Hay dos posibilidades: Son Directioners o saben que yo lo soy, a pesar de mis intentos de esconderlo.
-Esta canción, "Fan Love", es para ellos. La escribí con catorce años, durante un viaje, es lo que sentía... y siento-añado, bajando la voz. Suena raro. Miro de nuevo a mis amigas, en primera fila, y veo que lloran.
Me han dado ganas de dar el mejor concierto de todos, las siento entre el público, aunque no las mire. Ellas me miran fijamente, y Clara asiente. Sigo.
-Quiero darles las gracias, porque esto se lo debo. Me enseñaron a ver el mundo de otra forma, me enseñaron la magia de la música, me aclararon qué quería ser. Entonces supe, por ellos, que quería cantar sobre un escenario, cantar para ellos y para los fans. Y gracias a que me demostraron que los sueños se cumplen estoy ahora aquí. 
Hago una pausa, y hay un silencio conmovido. La gente llora y me mira, emocionada.
-Pero no son los únicos a los que tengo que agradecer esto. Tras llegar a los escenarios, necesitaba y necesito, apoyo, algo que me diga que a alguien le gusta lo que hago, que sirvo para esto, que puedo superar mi timidez. Y para eso estáis vosotros, mis maravillosos fans, y mis amigas, que me apoyan siempre en todo. Vuestros gritos y sus abrazos me dan fuerza, junto a las voces de mis ídolos. One Direction.
Gracias a Harry, Louis, Niall , Liam y Zayn. Gracias a Melissa, Clara, María y Noelia. A mis productores y a George. Y a esta enorme y fantástica familia.
Las luces se apagan, mientras veo las pancartas brillando. Dos simples palabras las adornan:
WHITE FAMILY
Sí, curiosamente, mi apellido es White. Irónico. Pero mi padre tiene antepasados ingleses. 
-¡WHITERS!-grito, en un acto que me sale del corazón. 
La plataforma me traga, y cierro los ojos.
Cuando los abro, mi amigas me abrazan.
¿Cómo han llegado tan rápido?
-Ay, me he emocionado-dice María, con lágrimas en los ojos.
-¿Cómo has conseguido decir todo eso?-pregunta Meli, con emoción contenida.
Me encojo de hombros, me salió sólo.
-En serio, gracias a ti.
-Noe, no me tenéis que agradecer nada-replico.
Me lanza una mirada asesina. Nos echamos a reír.
Entonces entra George.
-Tenéis vista . Os esperan en la salita.
¿Visita? No estaba nada previsto. Con el corazón latiendo a mil por hora y mis amigas, igual de nerviosas, a mi alrededor, sigo a George hasta el cuarto.
No hay nadie, así que nos sentamos a esperar, tomando maíz tostado y refrescos, y hablando.
Pasan diez minutos, y creo ya que es madre. Siempre se retrasa. La puerta se abre...



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